Cuando andamos por la calle nos parece que el tiempo es el mismo para todos: para nosotros, para la vecina que nos cruzamos, para los habitantes de Moscú o para los pedruscos de Marte. Pero hace más de cien años, Albert Einstein se percató de que el tiempo no transcurre igual en todas partes y de que es diferente dependiendo de la velocidad a la que nos desplacemos. Así, si pudiéramos viajar casi a la velocidad de la luz veríamos que suceden cosas increíbles con el espacio y el tiempo.
Ana tiene que irse a la cama... ¡pero no quiere ir sin su querido elefante! El papá enseguida se da cuenta de que no es fácil acostar a un elefante. Si un elefante tiene sed antes de irse a dormir, ¡se bebe una bañera entera! Y para lavar sus enormes colmillos no basta con un cepillo de dientes. ¿Y qué pasa si el elefante tiene caca?... Una simpática y alegre oda a las tácticas dilatorias de todos aquellos niños que siempre tienen excusas geniales para posponer el momento de ir a la cama; y a sus papás, que con paciencia y ternura saben encaminar la desbordante imaginación de sus hijos para que tengan unos dulces sueños.