¿Un ciervo que come sopa de fideos? ¡Bah, me diréis, eso es mentira, es un cuento! Y tendréis razón a medias, porque sí, es un cuento, pero no, no es mentira. ¿Y si os digo que un búho viene
a desayunar, se posa en mi hombro y me mordisquea las orejas? ¿O que un pingüino podría instalarse en vuestra casa? Amor, valentía, solidaridad, fidelidad o amistad son algunas de las muchas cosas buenas que nos enseñan estos bichos locos y las personas que los aman y respetan, y su autora, Bella Bamba, nos acerca sus historias.
Cuando menos te lo esperas, el destino se muda al piso de arriba
Ruby Graham tiene dos pasatiempos favoritos: la lectura y salir con su mejor amiga, Amber. Las dos chicas son polos opuestos, pero en eso radica su amistad. Bueno, en eso y en que Amber es la única otra adolescente de su edad en el edificio.
Hasta que llegan los Woods.
El entusiasmo y la curiosidad de Ruby por sus nuevos vecinos se disipa de golpe cuando Kem Woods, el hijo mayor, arruina uno de sus preciados libros al tirarle encima un cubo de agua. Enfurecida, Ruby se promete a sí misma odiarlo por toda la eternidad.
Pero no es tan fácil odiar a Kem, y cuando el amor llama a la puerta de Ruby, también lo hacen los celos, las mentiras, las traiciones y los secretos.
Ahora, Ruby deberá decidir entre la verdadera amistad o el verdadero amor.
En esta historia única Belkis Marte nos cuenta cómo Alía y Hendry descubren, con el asombro más inesperado, bajo el manto de la lluvia fresca, un charco que de repente se transforma en una cara sonriente. Un charco mágico que se mueve traviesamente. Los niños convencen a su madre de que los deje salir a disfrutar de la lluvia. Se alistan, vestidos con sus capas de agua chubasqueros y coloridas botas de lluvia. Saltan. ¡Plas, plas, cataplás! Juegan y chapotean con el charco juguetón. La autora nos sumerge en esta trama emocionante, donde Alía y Hendry quedan fascinados con su nuevo amigo, entre juegos de saltos, salpicaduras de agua, vueltas y acrobacias. Y cuando la magia termina, ¡plof, plof, plof!, las lágrimas se deslizan por sus mejillas, pero guardan el secreto. Sonríen, sabiendo que volverá a llover, y la esperanza de otro encuentro con el charco se convierte en un presagio de felicidad.