Un poemario que habla de la soledad, pero también de la confianza en el amor como salvación.
Soy la pieza que no encaja en ningún puzle, una máscara que oculta un vacío, mi propio enemigo… Soy la eterna lucha entre la razón y el corazón.
Las cadenas que me atan han dejado en mí cicatrices invisibles que llevo como si fueran trofeos de batallas ganadas y amores perdidos.
Solo alguien muy especial podrá salvarme de perderme en la soledad. ¿Serás tú esa persona?
«Te apuesto a que no eres capaz de acostarte con la chica más fea del local.»
Zeta le dio un trago a su whisky y se quedó mirando a su amigo con cierta indiferencia. Normalmente no solía entrar en ese tipo de juegos, pero estaba hastiado y no tenía nada mejor que hacer, así que no lo pensó demasiado y, con un encogimiento de hombros, aceptó.
Tras una traumática ruptura amorosa que la había llevado a encerrarse en su piso durante unos meses para autocompadecerse, Abi accedió por fin a salir una noche con sus amigas. No estaba en su mejor momento, por lo que cuando aquel chico impresionante de ojos azul océano y pinta de modelo de pasarela se acercó a ella para invitarla a una copa, pensó que se trataba de un malentendido.
Así es como comienza la historia de Abigail y Zeta. Una historia llena de mentiras, verdades a medias, pasión desmedida, autodescubrimiento y, sobre todo, mucho mucho corazón.