Mara se había propuesto no volver a Ilya. Pero cuando el rey toma una decisión trascendental, ella recupera el interés, y la muerte está decidida a comprender la mente de Kitt Azer, siempre que él esté dispuesto a encontrarse con ella en El Mors.
Pasar tiempo con el rey mientras observa a los habitantes del castillo le recuerda a Mara que la vida es mucho más que la muerte. Existe el amor. Pero incluso las intenciones más puras acaban llevando a la venganza y a la búsqueda del poder. Y ninguno de ellos podrá escapar de su destino: vivir, gobernar, amar y, sin duda, morir…
Mara se había propuesto no volver a Ilya. Pero cuando el rey toma una decisión trascendental, ella recupera el interés, y la muerte está decidida a comprender la mente de Kitt Azer, siempre que él esté dispuesto a encontrarse con ella en El Mors.
Pasar tiempo con el rey mientras observa a los habitantes del castillo le recuerda a Mara que la vida es mucho más que la muerte. Existe el amor. Pero incluso las intenciones más puras acaban llevando a la venganza y a la búsqueda del poder. Y ninguno de ellos podrá escapar de su destino: vivir, gobernar, amar y, sin duda, morir...
A Paedyn y a Kai vuelve a separarles una realidad que se impone a sus deseos, y deberán enfrentarse a una terrible decisión en esta emocionante conclusión de la exitosa trilogía romántica, perfecta para fans de Sarah J. Maas.
Paedyn Gray estaba lista para recibir una sentencia de muerte, no un compromiso. Después de matar al rey, casarse con su hijo Kitt era lo último que ella y el pueblo hubieran esperado. Pero, como reina, Paedyn tendrá la oportunidad de unir a Ilya y crear un reino donde los vulgares vivan sin miedo. Mientras dentro de ella se libra una batalla entre su cabeza y su corazón, deberá superar las nuevas Pruebas que la colocarán en el trono. A su vez, Kai Azer lucha por hacerla suya, incluso si eso significa desafiar a su rey. ¿Las promesas de un matrimonio son tan fuertes como para unir a un reino? ¿O una traición lograría romperlas? Elegir entre el sacrificio y uno mismo nunca había sido tan difícil… ni mortal.