El reconocido catedrático William Egginton nos ofrece un ensayo fascinante que explora la conexión entre la física cuántica, la filosofía y la literatura a través del análisis de tres grandes figuras: el escritor Jorge Luis Borges, el físico Werner Heisenberg y el filósofo Immanuel Kant.
Un poeta, un físico y un filósofo exploraron los mayores enigmas del universo: la naturaleza del libre albedrío, el extraño tejido del cosmos y los verdaderos límites de la mente, y descubrieron, cada uno a su manera, una reveladora verdad sobre nuestro lugar en el mundo.
En disciplinas tan dispares como la literatura, la ciencia y la filosofía, autores como el poeta Jorge Luis Borges, el físico Werner Heisenberg y el filósofo Immanuel Kant convergen sobre el inquietante hecho de la irreconciliable diferencia entre la realidad de «ahí fuera» y la realidad según la experimentamos. De dicha profunda verdad emana un caudal de estimulantes ideas: la noción del «yo»; el libre albedrío; el propósito de la vida humana; las raíces de la moral, de la estética y de la razón; y el origen y la naturaleza del propio cosmos.
Porque como estos pensadores ponen de manifiesto, todos creamos una imagen sustancialmente incompleta del mundo. Estamos varados en un abismo de extremos inmensos, entre lo astronómico y lo cuántico, una sima entre la libertad y el determinismo más absoluto, y debemos establecer nuestro hogar en medio de todo ello. Pero, por otra parte, gracias a nuestra condición de seres mortales y finitos, podemos experimentar el mundo en todo su esplendor.
Una historia de genialidad y perseverancia, de misoginia y antisemitismo
Hasta la década de 1950, ni siquiera las mentes más brillantes de la ciencia sabían cómo los genes transmitían la información esencial para la vida desde un organismo a su descendencia. Cuando el 28 de febrero de 1953 los científicos James Watson y Francis Crick irrumpieron en un pub de Cambridge para proclamar el descubrimiento de la estructura de doble hélice del ácido desoxirribonucleico —el ADN—, nada volvió a ser igual en la historia de la ciencia y de la humanidad.
Watson, Crick y Maurice Wilkins ganaron el Premio Nobel de Medicina en 1962, mientras que el bestseller La doble hélice, las memorias de Watson sobre el descubrimiento, asentó un relato oficial plagado de medias verdades, injurias y prejuicios. La perfecta villana de aquel libro era la química Rosalind Franklin, quien había sido fundamental en los trabajos que condujeron al hallazgo y que sin embargo quedó relegada.
El secreto de la vida es la historia de la pugna entre personalidades complejas y ambiciosas llamadas a revolucionar la biología, en un tiempo —a mediados del siglo XX— en el que los científicos eran considerados algo así como dioses, en un sistema académico consagrado al progreso, pero también elitista, misógino y antisemita.
Este libro fascinante se adentra en el concepto del sexo desde un punto de vista evolutivo y netamente femenino. El gran invento que fue la reproducción sexual supuso el tributo, en el caso de algunas especies como la nuestra, de un dimorfismo sexual no necesariamente igualitario en el reparto de las funciones biológicas. En el caso concreto de la reproducción, las mujeres parten de unas condiciones anatómicas, fisiológicas y etológicas que las hacen estar en clara desventaja con la otra mitad de Homo sapiens, los hombres. Las presiones, condiciones y estados de estrés biológico a las que se ve sometido el cuerpo femenino a lo largo de la vida pubertad, menstruación, embarazo, parto, menopausia… muestran cómo la naturaleza parece haber hecho un pésimo reparto de facturas en el precio que hay que pagar por tener descendencia.
EL CARBONO: NUESTRO LAZO CON LAS ESTRELLAS
Del carbón que impulsó la Revolución Industrial al grafito que traza nuestros primeros dibujos, del diamante que deslumbra en las profundidades de la Tierra al ADN que nos da vida: el carbono es el protagonista silencioso de nuestra existencia. Este elemento, forjado en el corazón de estrellas moribundas hace miles de millones de años, emprendió un viaje vertiginoso por el cosmos hasta convertirse en el arquitecto de la vida. Su historia es nuestra historia. El carbono conecta el polvo cósmico con la conciencia humana, el Big Bang con cada latido de nuestro corazón.
Manuel Lozano Leyva ha escrito un tributo al carbón que alimentó civilizaciones; una biografía del carbono que nos construyó como especie. Sus páginas responden a las tres preguntas esenciales: de dónde venimos, por qué existimos y qué será de nosotros más allá de la vida.
Arquitectura y objetos es el primer libro sobre arquitectura del fundador de la OOO, que profundiza en el intercambio entre ambas disciplinas. Con la estética como instrumento central, el libro se organiza en torno a la relación de la arquitectura con la filosofía y las artes visuales. Por un lado, repasa la historia de la influencia de la filosofía sobre la arquitectura en el siglo XX para demostrar la relación mutuamente beneficiosa entre ambos campos. Por otro, analiza las diferencias entre las artes visuales y la arquitectura en términos de cómo cada una de ellas propicia la experiencia estética, reevaluando las nociones de tiempo, forma y función para ofrecer una nueva perspectiva de la evolución terminológica, conceptual, metodológica, estilística y performativa de la arquitectura.
Una de las razones por las que escribí este libro es
por el sorprendente asombro que experimentamos al contemplar el mundo natural. Por ejemplo, el topo dorado es el único mamífero iridiscente. Brilla literalmente
como el oro, pero es ciego y no puede percibir su propio resplandor. La otra razón era para exponer algo que todos sabemos: estas maravillas están en peligro de desaparecer y el tiempo para evitarlo se nos acaba».