¿Por qué, en pleno siglo XXI, seguimos creyendo en algo o alguien superior, llámese Dios, meditación trascendental, espiritualidad o sentido de la vida? ¿De dónde surge esta necesidad, antigua como nuestra especie, de preguntarnos por lo que habrá después o lo que está más allá ? ¿Viene de fábrica o es un producto de la cultura? ¿Por qué Messi mira al cielo después de hacer un gol? En este libro fascinante, que es un verdadero viaje al corazón de las creencias, Diego Golombek se anima a proponer una ciencia de la religión como fenómeno eminentemente humano.
A lo largo de estas páginas, nuestro autor pasa revista a un sinfín de experimentos que muestran cómo actúan las neuronas de monjas rezadoras, budistas meditadores, pentecostales o iluminados con LSD, peyote, ayahuasca y hongos alucinógenos varios. Recorre las historias de quienes han atravesado experiencias límite, como trances epilépticos o la vivencia de la propia muerte con la misteriosa luz al final del túnel. E incluso se mete en el mundo de los rituales diseñados ad hoc y los asesores espirituales robóticos.
La investigación sobre leyes de la naturaleza constituye una de las aventuras del intelecto humano en su esfuerzo primigenio por entender la realidad y nuestro lugar en ella. En la primera parte del libro expondremos la aproximación biográfica que motiva nuestra investigación (capítulo 1). La segunda parte examina los orígenes históricos del imaginario de leyes de la naturaleza que se remontan a la filosofía natural de la época de Descartes y Newton (capítulos 2 y 3). La tercera parte sistematiza el debate estándar en filosofía de las leyes de la naturaleza, que se ha consagrado en las concepciones humeanas y anti-humeanas, en donde las primeras sostienen que las leyes son meros enunciados de regularidades (capítulo 4), mientras que las segundas afirman que ellas corresponden a alguna clase especial de necesidades naturales (capítulos 5 y 6).
La teoría filosófica que ha inspirado a filántropos como Bill Gates o Elon Musk
Dejar un futuro próspero a las generaciones venideras es una obligación moral
La historia escrita de la humanidad apenas abarca cinco mil años. Podría decirse que nuestra andadura sobre la Tierra no ha hecho más que empezar: el futuro de nuestra especie podría durar millones de años o podría terminar mañana. Todo depende de lo que decidamos hoy.
En Lo que le debemos al futuro, el autor desarrolla su teoría del largoplacismo, que ha sido elogiada por pensadores de la talla de Peter Singer o Steven Pinker, y que ha inspirado a filántropos como Bill Gates o Elon Musk.
MacAskill defiende que también debemos tener en cuenta a las personas que aún no existen y demuestra que influir positivamente en el futuro de la humanidad es la mayor prioridad moral de nuestro tiempo.
El autor se ocupa en estas páginas de los riesgos que nos amenazan. No podemos predecir lo que está por llegar, pero sí anticipar que asuntos como la inteligencia artificial, la cronificación de las pandemias, la guerra nuclear, el renacimiento del totalitarismo o el cambio climático extremo serán peligros existenciales que debemos mitigar cuanto antes.
Este libro es imprescindible para todas aquellas personas que deseen conocer con rigor y amenidad lo que Ernst Zürcher llama los «seres de madera», desde las antiguas tradiciones mitológicas o las diversas observaciones seculares hasta los más recientes descubrimientos de la ciencia. Aborda asuntos asombrosos como los baños forestales que toman los japoneses para mitigar el estrés; la autolimpieza de la madera para combatir la proliferación bacteriana; la sincronización de los árboles con las mareas gravimétricas; las pulsaciones de los brotes en invierno de acuerdo con las posiciones de los astros; las técnicas agroforestales que transfieren a la agricultura la autofertilización propia de los bosques; la previsión meteorológica basada en la inclinación natural de las ramas del abeto; el papel de la leña como antídoto contra la creciente artificiosidad de la vida contemporánea, o el encanto de los árboles ancianos. Los árboles han de convertirse en nuestros mayores aliados frente a la catástrofe climática. Y el presente libro nos acerca a estos portentosos organismos tanto en sus características visibles como en su naturaleza invisible, como sucede con el lenguaje de los aromas, la electrofisiología o el geomagnetismo.
¿Por qué las nubes más abundantes en los cuadros son las típicas de algodón? ¿Han tenido alguna influencia las erupciones volcánicas en las pinturas de Turner, Van Gogh o Munch? ¿Qué secretos encierran los llamativos cielos velazqueños? ¿Cómo han pintado el viento los grandes maestros a lo largo de la historia? ¿Son las pinturas una fuente de información climática? La respuesta a estas y otras muchas cuestiones las encontrará en Los cielos retratados, un original y sugerente recorrido por la pintura universal, con la meteorología como hilo conductor.
Este ensayo transita a lo largo de cinco siglos de descubrimientos en el mundo vegetal a traves de las extraordinarias vidas de naturalistas, genetistas y botánicos apasionados por las plantas, los árboles, la agricultura y la genetica. Por ejemplo, Charles Darwin, que identificó una especie de mariposa que sólo podía polinizar un tipo de orquídea. O Leonardo da Vinci, que se dedicó a estudiar la filotaxis, la disposición de las hojas en el tallo de una planta para captar la luz del sol. Y cómo no mencionar la trágica historia del genetista ruso Nikolái Ivánovich Vavílov, que aisló en su laboratorio el supergrano de trigo que alimentaría a millones de campesinos sólo para caer víctima de las purgas de Stalin y morir en una de sus prisiones.