Hay quienes hacen poemas con el pensamiento o con las manos; otras, con todo lo que tienen o con todo lo que no tienen. Paola J. Román hizo estos poemas con lo que malditamente existe, con las horas extinguidas, mirando sus propios órganos. Este libro ocurre en el presente y reclama un aire que ya se ha ido; en el acto de la escritura, algo precede a nada: la apuesta es alta, y se apuesta con iguales partes de desdén y de fe.
— Malena Lujàn.
Desde las trincheras ensangrentadas de Ypres hasta los campos de refugiados
en Salónica, pasando por los hospitales desbordados de Galitzia
y las aldeas africanas arrasadas por la guerra, Caminos de Desgracia es un
mosaico humano tejido con sacricio, resiliencia y dilemas morales que
resuenan más allá del campo de batalla.
Una historia coral donde la esperanza se convierte en resistencia, y
donde el amor y la compasión se alzan como los últimos refugios frente
a la devastación. Una novela que no solo retrata con crudeza la Gran
Guerra, sino que también invita a reexionar sobre aquello que nos
permite seguir siendo humanos cuando todo parece perdido.
Su peso en las letras del país, y su influencia en la vida cultural de la República Dominicana, difícilmente tenga parangón, al combinar su talento literario con capacidad gerencial y potencialidad expresiva, en los medios de comunicación. Fue un ciudadano ejemplar y un hombre de letras, con espíritu de Nación. Es decir, un amante del país y un defensor de su identidad; un hombre enraizado a su tierra y a su provincia natal, Moca, pero con mentalidad cosmopolita, de viajero seducido por la belleza del mundo. Sus grandes pasiones fueron: el amor patrio, a su familia, a los amigos, a los viajes y a los libros. José Rafael Lantigua fue así un hombre del siglo: un bibliófilo y una mentalidad enciclopédica. Un buscador del conocimiento, un enamorado de los placeres de la gastronomía, la lectura, los libros y el turismo, es decir, un apasionado de la cultura y un devoto del saber y el buen decir (hablado y escrito). O sea, de la conversación elegante y la escritura sonora, lúdica y dinámica. Su prosa de escritor es ágil, melodiosa, musical: de frases elípticas y atizadas por el ritmo de la metáfora poética.
“Aprendiendo lejos de casa” es un viaje narrado con humor, honestidad y emoción.
Rebeca Espinosa comparte las historias que marcaron su vida tras mudarse a Estados Unidos: los malentendidos culturales, las risas inesperadas, los silencios incómodos y los aprendizajes que convirtieron cada error en una oportunidad de crecer.
Este no es un manual ni una guía de adaptación, sino un mosaico de experiencias que muestran la nostalgia de vivir lejos, el choque de pertenecer a dos mundos y la resiliencia necesaria para construir un hogar en un lugar distinto.
Con un estilo fresco y cercano, la autora invita al lector a reír, reflexionar y reconocerse en estas páginas que celebran el poder de las pequeñas historias para transformar la vida.
Ideal para quienes han vivido la aventura de mudarse, para quienes sienten que no encajan del todo o simplemente para quienes disfrutan descubrir cómo otros enfrentan los retos cotidianos con humanidad y humor.
Siete Cuentos Más es una obra holistica en que siete ficciones se enmarcan en realidades históricas. actuales y futuras. Las circuns- tancias son explicadas como contexto.Es un inaudito experimen- to literario que lleva al lector de una narración noir con la consa- bida sangre y sexo, al foso de leones del apocalfptico profeta Daniel, a la desconocida génesis de Farafangana, al tenebroso ejercicio de un brujo haitiano, a las incertidumbres de un eventual cataclismo informático, al juzgamiento por monjes católicos del patriarca Abraham en el afo 2038 y al untuoso horror de los abusos sexuales del dictador Trujillo. En este libro cada parte cumple su función como los átomos de una molécula, pues como dijo Whitman de sí, quizás cada obra es un cosmos.
En este libro, los personajes atraviesan la Pascua tratando de sobrevivir a sus angustias. La muñeca de la hija del diablo que intenta convertirse en hermanita del Niño Jesús, un raso policial que busca en un braguetazo su aguinaldo, un pueblo timado por gitanos, un barrio con su ladrón de cabecera, seis microhistorias envueltas en papel de regalo navideño, la soledad de Año Nuevo como marco de una relación apoyada en el mundo virtual, el origen verdadero y nunca antes contado de la Vieja Belén, un antiguo personaje popular que intenta salir del olvido en medio de la brisa fría de diciembre, sicarios y secuestradores ante el agosto de la Nochebuena… Esas son algunas de las veintidós historias que forman una anatomía navideña dominicana en medio del arcoíris de emociones, visiones del mundo y condiciones socioeconómicas de una realidad global que tiene como punto de referencia la festividad criolla, siempre enfocadas desde un narrador cuyo único compromiso es contar historias que retraten la mezquindad y la avaricia humanas.
Ibeth Guzmán
MARTIN ARAYA es un chileno que llega a Estados Unidos iunto a su padre siendo un adolescente: huian tras el golpe de Augusto Pinochet. En Estados Unidos estudia periodismo; Ileva una vida aparentemente normal. pero sique anclado en ese pesaroso pasado. que cotidianamente le amarga la existencia Cuando Estados Unidos invade Irak, se convierte en critico del sistema por lo que es perseguido y acosa- do por el poder
Asimismo, un narrador omnisciente y un narrador tes- tigo en primera persona cuentan las peripecias de un grupo de inmigrantes argentinos, dominicanos, sal- vadoreños y mexicanos, que interactúan con Martín Araya; cuentan una historia de temores, luchas, per- secuciones, abandonos, esperanzas y solidaridad.
Ciudadano Póstumo es un alegato y ajuste de cuenta contra el poder; contra la barbarie, y una defensa a la vida, a la libertad.Es una novela en cierto sentido distópica pues prefigura la situación de acoso contra los disidentes del poder trumpiano y la feroz instru- mentalización de los inmigrantes con fines políticos.
El baile y la poesía se abrazan, envolviéndose en musicalidad, cadencia y gracia. Comparten un trozo de espacio y de tiempo, los devoran y nada escapa de su hambre eterna de sonido y movimiento. El baile inmortaliza la interacción entre el hombre y la dama, en el mutuo consenso de girar en el viento cargado de fuego y melodías. El poeta, al igual que un caballero, debe invitar a la poesía y, con su venia, el poema fluye, late su corazón, le brotan carne y huesos, respira y baila.