Audrey Barbour has had enough of following the rules. Eighteen years of being the perfect daughter—exceptional grades, enviable college acceptances, tame dating history—and still, her parents don’t trust her enough to let her study her passion, glassblowing, on a prestigious fellowship.
So when her best friend Henry proposes an outrageous fake-dating scheme to win back his ex-girlfriend, it feels like the first step to shaking up her perfect life. And the second? That comes when Audrey’s parents go out of town, sparking a high-risk, high-reward solution to pay for her fellowship—renting out her family’s Connecticut mansion online. With the help of her new fake-boyfriend, it shouldn’t be hard to pull off… right?
But when her best intentions start to unravel, Audrey will have to reckon with who she is, what she wants, and what it really means to play life by her rules—all with her heart on the line.
El problema de buscar la verdad es encontrarla y no saber qué hacer con ella.
Una novela que cambiará tu forma de ver el mundo.
Querido lector,
Tienes en tus manos una novela que plantea preguntas difíciles de responder; una novela que habla sobre esas verdades que, a pesar de buscar, preferiríamos no encontrar. No puedo explicarte de qué trata este libro porque eso rompería su magia, pero te aseguro que, cuando acabes de leerlo, verás el mundo de forma distinta.
Barcelona, 1901. La ciudad vive días de gran agitación social. La oscura miseria de los más desfavorecidos contrasta con la elegante opulencia de las grandes avenidas, donde ya destacan algunos edificios singulares, símbolo de la llegada del Modernismo.
Dalmau Sala, hijo de un anarquista ajusticiado, es un joven pintor que vive atrapado entre dos mundos. Por un lado, su familia y Emma, la mujer que ama, son firmes defensores de la lucha obrera; hombres y mujeres que no conocen el miedo a la hora de exigir los derechos de los trabajadores. Por otro, su trabajo en el taller de cerámica de don Manuel Bello, su mentor y un conservador burgués de férreas creencias católicas, lo acerca a un ambiente donde imperan la riqueza y la innovación creativa.
De este modo, seducido por las tentadoras ofertas de una burguesía dispuesta a comprar su obra y su conciencia, Dalmau tendrá que encontrar su auténtico camino, como hombre y como artista, y alejarse de las noches de vino y drogas para descubrir lo que de verdad le importa: sus valores, su esencia, el amor de una mujer valiente y luchadora y, sobre todo, esos cuadros que brotan de su imaginación y capturan en un lienzo las almas más miserables que deambulan por las calles de una ciudad agitada por el germen de la rebeldía.
Dos generaciones. Dos romances inesperados. Una sola verdad: el corazón manda. MEGAN MAXWELL, la reina de la romántica, vuelve a romper las reglas.
Alma está en la flor de la vida: madurita, divorciada y feliz. Es la dueña, junto a su amiga Nuria, de una bonita tienda de vestidos de novia llamada Divas y Radiantes. Juntas embellecen a las futuras novias, aunque tienen claro que ellas, por motivos personales, nunca pasarán por el altar.
Si algo le ha enseñado la vida a Alma en referencia al amor es que puede ser un invento peligroso. Otra cosa es el sexo, a lo que se ha abonado a disfrutar con quien desea sin promesas ni compromisos. Así que cuando aparece Saem ―alto, asiático, guaperas y dieciséis años menos que ella― decide que la vida son dos días y uno ya lo perdió. Lo suyo es simple: química, risas y nada de promesas. Lo ideal.
Hasta que su hija Natalia, una treintañera que cada vez que se enamora lo hace hasta las trancas, le anuncia que ha conocido a un hombre increíble y maravilloso y que se lo quiere presentar en una comida formal. Alma intenta evitarlo, pero Natalia se empeña. Quiere presentarle a este hombre sí o sí, y al final Alma claudica. Pero el día que llega la esperada comida, lo inesperado la deja con la boca abierta y el mundo decide girar al revés.
Porque el corazón no entiende de normas sociales, ni prejuicios. Y el amor, cuando es de verdad, no se puede ocultar.
Tras un incidente que la obliga a abandonar su antiguo instituto, Ethel Ashbourne se muda a Ebonwick, el hermético pueblo donde viven su abuela y sus tías. Llega con un único objetivo: pasar desapercibida.
Mientras intenta encajar en su nuevo entorno, conoce a Nox Harker. Él encarna todo lo que ella desearía ser: carismático, magnético, peligrosamente perfecto. Pero bajo esa superficie impecable, Ethel percibe grietas. Intuye que Nox oculta algo. Aunque, quizá, ella también.
Su nueva vida se tambalea cuando un cadáver aparece en el bosque en circunstancias inexplicables. El miedo se instala en el pueblo y Ethel no puede acallar la duda que late en su interior: ¿Y si ella no es una espectadora de lo que está ocurriendo… sino su origen
Tres corazones rotos, una mentira y un verano que lo cambia todo.
Giulia entra en Valdelila como quien entra en un ayuntamiento para hacer una gestión, y no en el pueblo de los veranos de su infancia, al que no ha vuelto desde hace diez años. Por eso se siente sobrepasada al descubrir una casa aún marcada por la lavanda de sus abuelos, a una familia que se sostiene como puede y a un niño que pone su mundo patas arriba.
León lleva años aferrado a una rutina autoimpuesta. Se ha ganado a pulso la fama de gruñón oficial del pueblo, y le parece perfecto. Solo quiere la vida que ha construido a base de silencios y que su madre deje de atosigarlo para que se enamore, como si ella fuera un hada madrina y el amor, algo que se pudiera elegir. Por eso ni él mismo se entiende cuando termina fingiendo una relación con la chica que conduce como el diablo y que ha conseguido que todo Valdelila la recuerde por sus fechorías de adolescente.
Entre rutinas caóticas, roces cargados de tensión y una atracción que ambos intentan ignorar en vano, Giulia y León descubrirán que las mejores historias empiezan cuando las barreras caen.