Simone Weil fue una mujer de hondas convicciones, cuya profunda confianza en el ser humano la aproximó al misticismo. En ese mar de fondo nadan los textos recopilados en el presente volumen, dedicados a diseccionar conceptos como solidaridad, justicia o amistad... pues todos ellos son, según la filósofa, amor en sus distintas dimensiones. Y así, a través de un lenguaje por lo demás poético, sus páginas allanan nuestro camino hacia lo sublime.
Caminar es un desempeño tan sobresaliente que el simple gesto de utilizar las extremidades inferiores para trasladarnos ha inspirado obras de arte y grandes ensayos literarios, ha alumbrado elevadas ideas, ha creado senderos y rutas comerciales y ha gestado fuertes sentimientos religiosos y de pertenencia.
En este libro, una firme y cálida defensa del deambular y sus infinitas posibilidades, Adriana Herreros celebra cómo Andar por andar nos ayuda mantener el ánimo, la ilusión y la capacidad de sorpresa en nuestro día a día.
«La historia del alma es la historia de la idea que el hombre tiene de sí mismo frente a la muerte. Desde los primeros humanos que descubrieron los ciclos de la naturaleza hasta los últimos, quienes vislumbrarán la vida terrestre fuera del planeta, pasando por los hombres de las pirámides, del ágora, del foro, de la iglesia, hasta llegar al hombre del supermercado planetario, es la odisea que me propongo relatar. Del alma inmaterial al alma digital, todo converge hacia la posibilidad de un posthumano inaugural de lo inhumano. Este futuro es ya nuestro presente.» Michel Onfray
Las lecturas convencionales de la Antigüedad enfrentan a Atenas con Jerusalén, donde Atenas representa la «razón» y Jerusalén la «fe». Sin embargo, como nos recuerda Susan Buck-Morss, los estudios más recientes han eliminado esta separación. Nombrar el primer siglo como un punto cero –«año uno»– que divide el tiempo en antes y después es igualmente arbitrario, nada más que una conveniencia que carece de sentido empírico. En Año 1, Buck-Morss libera el primer siglo para que pueda hablarnos de otra manera, reclamándolo como terreno común y no como origen de diferencias profundamente arraigadas.
Buck-Morss se propone derribar varias premisas conceptuales que han dado forma a la modernidad como episteme y nos han conducido a algunos impases posmodernos poco útiles. Se acerca al siglo I a través de los escritos de tres pensadores a menudo marginados en el discurso actual: Flavio Josefo, historiador de la Guerra de Judea; el filósofo neoplatónico Filón de Alejandría; y Juan de Patmos, autor del Apocalipsis, el último libro de la Biblia cristiana. También aparecen Antígona y John Coltrane, Platón y Bulwer-Lytton, al-Farabi y Jean Anouilh, Nicolás de Cusa y Zora Neale Hurston, por no hablar de Descartes, Kant, Hegel, Kristeva y Derrida.
Los Cuadernos negros representan una forma que, en su estilo, posiblemente resulte singular no solo en Martin Heidegger, sino en general en toda la filosofía del siglo XX. El género con el que mejor se los podría comparar sería el «diario de pensamientos» o el «diario filosófico». Pero mientras que esta designación casi siempre relega los escritos que quedan comprendidos bajo ella al margen de unas obras completas, el significado de los Cuadernos negros habrá que considerarlo sin embargo aún en el contexto del «pensar inicial» de Heidegger.
Esta cuarta entrega de los Cuadernos negros contiene las «Anotaciones I-V», que arrancan cuando se inicia la derrota alemana en la guerra mundial y prosiguen en la inmediata posguerra. Al comienzo de las «Anotaciones IV» Heidegger cita la siguiente frase de Leibniz: «Quien solo me conoce por mis libros no me conoce». Esta frase da una indicación sobre el significado de los Cuadernos negros en su conjunto. Ellos constituyen unos singulares manuscritos escritos al margen de la esfera pública. Incluso de forma distinta que los tratados inéditos, como por ejemplo los Aportes a la filosofía (Acerca del evento), le ofrecen a Heidegger la posibilidad de escribir sin trabas su pensar sin parar mientes en formalismos.
Un lúcido ensayo que nos muestra cómo la filosofía puede ayudarnos a entender la ansiedad, aprender a convivir con ella y descubrir lo que revela sobre la condición humana.
Hoy en día la ansiedad suele considerarse una patología y es el trastorno psicológico más diagnosticado y medicado de todos. Pero esta no es siempre —ni exclusivamente— una enfermedad. De hecho, muchos filósofos sostienen que es una parte normal, esencial incluso, del ser humano, y que aceptarla nos permitirá entendernos mejor y vivir una vida más significativa.
Samir Chopra explora las valiosas ideas sobre la ansiedad que nos ofrecen el budismo, el existencialismo, el psicoanálisis y la teoría crítica para afirmar que, aunque la filosofía no pueda suprimirla, puede lograr mitigarla. Y, a través de su experiencia personal, el autor nos revela cómo el autoconocimiento y la autoaceptación a los que nos conduce la filosofía pueden ayudarnos a lidiar con ella.
Basándose en las reflexiones de múltiples filósofos —entre los que figuran Buda, Kierkegaard, Tillich, Nietzsche, Freud, Heidegger, Marx y Marcuse —, Chopra afirma que la ansiedad es una condición inherente del ser humano, y es indispensable para comprendernos. Y, aunque la pobreza y otras circunstancias materiales sí que pueden acentuarla, ni el dinero ni la medicación pueden librarnos totalmente de ella.