Pocas cosas suscitan hoy tanto interés como el humor, tal vez porque lo echamos mucho en falta en una sociedad generalmente seria y malhumorada, incapaz de elevarse sobre las cosas con la fina distancia y el placer inteligente que ofrece el humor, capaz de hacernos ver lo oculto, desnudar lo solemne y señalar lo falso. Una categoría, el humor, cuyo carácter y definición se persiguen en este libro (a sabiendas de que es imposible) transitando por libros y autores que le han prestado atención e intentando hacerlo, también, con cierto humor. Un humor que se distingue de lo cómico, lo gracioso o del puro chiste y se convierte en una auténtica posición ante la vida. Algo que tiene más que ver más con el corazón que con la cabeza, como nos recuerda Wenceslao Fernández Flórez, miembro de la generación más brillante de humoristas españoles, un autor que se reivindica y al que se sigue en el desarrollo de este libro. Un humor, por fin, que se rebela frente a la rigidez y el automatismo, como señala Bergson, y que ofrece el consuelo al abatido yo por las penalidades que nos inflige la vida, como no escapó a Freud.
Las ciencias y la revolución tecnológica ofrecen emancipación a las necesidades humanas. La filosofía apuesta por un proyecto de sentido basado en la razón. La religión promete trascendencia y salvación, no solo para el más allá de la muerte, sino para el más acá de la vida. Son tres proyectos distintos, pero que nunca se han dado aislados. Sus dinámicas interaccionan y se apoyan al mismo tiempo que se critican y buscan imponerse.
Cada una de estas tres propuestas ha fracasado y ha bloqueado al ser humano. La crítica a la religión es tan vieja como la filosofía, y la ciencia moderna la ha sustentado. Pero hoy es la creencia religiosa la que puede interpelar a la increencia avisando de las trampas en las que caen ciencia y filosofía y contribuyendo a sus ofertas de emancipación y sentido.
¿Por qué nos atrae la ignorancia?
Aristóteles afirmó que «todos los seres humanos desean saber». Sin embargo, también deseamos lo contrario. Queremos conocer la verdad y al mismo tiempo protegernos de ella. Siglos después de la Ilustración, continuamos fascinados por profetas absurdos, los rumores irracionales siguen desencadenando actos de fanatismo y el pensamiento mágico prevalece sobre el sentido común y la experiencia. ¿De dónde proviene esta voluntad de ser ignorantes? En Ignorancia y felicidad, el aclamado ensayista e historiador Mark Lilla ofrece un diagnóstico de la tendencia humana al autoocultamiento de la verdad. Para ello, recorre un vasto arco intelectual que va desde el Libro del Génesis y los diálogos platónicos hasta las parábolas sufíes y el psicoanálisis, revelando en el camino las paradojas de nuestra resistencia al conocimiento. Lilla examina asimismo las fantasías que alimentan este impulso: la creencia de que el éxtasis de profetas, místicos y santos ofrece acceso a verdades esotéricas; la ilusión de que podemos conservar una inocencia casi infantil y la nostalgia por civilizaciones desaparecidas, imaginadas como más puras. El resultado es una original reflexión que invita a los lectores a reconocer sus propios impulsos y tabúes arraigados allí donde la mente oscila entre aceptar la verdad y resistirse a ella.
Una exploración asombrosa sobre nuestro deseo de permanecer ignorantes.
¿Realmente deseamos saber?
Aristóteles afirmó que «todos los seres humanos desean saber». Sin embargo, también deseamos lo contrario. Queremos conocer la verdad… y al mismo tiempo protegernos de ella. Siglos después de la Ilustración, seguimos fascinados por profetas absurdos, los rumores irracionales siguen causando actos fanáticos y el pensamiento mágico prevalece sobre el sentido común y la experiencia. ¿De dónde proviene esta voluntad de ignorancia?
Sagaz, provocador y ambicioso como acostumbra, Žižek explora en este libro los intersticios entre campos del saber, el vacío entre la filosofía, el psicoanálisis y la crítica de la política económica. El título está tomado de una de las obras tardías de Samuel Beckett, y le sirve al autor para indagar en las conexiones entre la sexualidad y la economía con los instrumentos del marxismo y el psicoanálisis lacaniano.
La sexualización y la abolición de la sexualidad; el progreso tecnocientífico y el capitalismo globalizado; el falo y lo prohibido; lo poshumano y lo transgénero; el fetichismo y la perversión capitalista; el sujeto y el objeto; el sadismo, el masoquismo y la dominación económica… son algunos de los temas que asoman en estas páginas. En ellas, el filósofo maneja, como suele hacer, un amplio repertorio de referentes variopintos, que van desde Kant, Kierkegaard, Deleuze y Sade hasta Lenin, Stalin y Mao, pasando por Wagner, Tarkovski u Orson Welles.
La digitalización avanza inexorablemente. Aturdidos por el frenesí de la comunicación y la información, nos sentimos impotentes ante el tsunami de datos que despliega fuerzas destructivas y deformantes. Hoy la digitalización también afecta a la esfera política y provoca graves trastornos en el proceso democrático. Las campañas electorales son guerras de información que se libran con todos los medios técnicos y psicológicos imaginables.
Los bots las cuentas falsas automatizadas en las redes sociales difunden noticias falsas y discursos de odio e influyen en la formación de la opinión pública. Los ejércitos de trolls intervienen en las campañas apuntalando la desinformación. Las teorías de la conspiración y la propaganda dominan el debate político. Por medio de la psicometría y la psicopolítica digital, se intenta influir en el comportamiento electoral y evitar las decisiones conscientes. El nuevo ensayo de Byung-Chul Han describe la crisis de la democracia y la atribuye al cambio estructural de la esfera pública en el mundo digital. También le da un nombre a este fenómeno: infocracia.