Isaiah Berlin ofrece aquí una lúcida y apasionada defensa de la libertad individual y una crítica demoledora de las doctrinas del determinismo histórico, aquellas que sostienen que la historia y los procesos sociales están predeterminados por leyes inevitables o vastas fuerzas impersonales —las características biológicas, el entorno físico o social, la clase, la nación, el Zeitgeist…—, fuerzas que según algunos se encarnan a veces en hombres como César, Napoleón, Lenin o Hitler. En estas doctrinas, el autor ve un desesperado afán de eludir nuestra pesada carga moral, «una de las grandes coartadas esgrimidas por quienes no pueden o no desean afrontar la realidad de la responsabilidad individual, la existencia de un ámbito limitado, pero real, de libertad humana».
Se suele considerar a William James como el padre de la psicología en Estados Unidos aunque también pasa por ser el último de los grandes metafísicos. Esta es una de tantas contradicciones, algunas muy famosas, a las que tenemos que enfrentarnos al intentar comprender un espíritu tan plural como el suyo [...]. La inmortalidad humana analiza la relación existente entre la mente y el cerebro abordando dos de las teorías explicativas: la teoría de la producción y la teoría de la transmisión, apostando por esta última. Así considera la mente humana como una porción de una mente preexistente mayor que se filtra en este mundo a través de nuestros cerebros, y que, una vez finalizada nuestra vida, puede regresar a su fuente. Ángel Cagigas
William James (Nueva York, 1842-Nuevo Hampshire, 1910) fue un influyente psicólogo y filósofo estadounidense, considerado uno de los padres de la psicología moderna. Estudió medicina y enseñó en la Universidad de Harvard. Fue pionero en la psicología funcionalista, enfocada en cómo la mente se adapta al entorno. Su obra más destacada, Principios de psicología (1890), marcó un hito en la disciplina. James también fue una figura clave del pragmatismo filosófico, destacando la utilidad práctica del pensamiento.
Ferran Sáez Mateu traza un recorrido desde la solitaria torre de Montaigne en el siglo XVI hasta la actualidad, marcada por tecnologías que nos fascinan aunque siempre exigen algo a cambio. La intimidad es un lugar de la conciencia, un territorio de libertad; lejos está de ser una forma de recogimiento, o incluso de aislamiento. Por ese motivo, privacidad e intimidad son cosas muy distintas. «Privatus» no alude a lo que somos, sino a lo que tenemos y a cómo lo demarcamos; «intimus», en cambio, refiere a «lo que está más adentro», lo más profundo, es decir, el último límite. El territorio de la intimidad, la penumbra del espíritu, propicia el surgimiento de la Modernidad. Aparece primero en la «pintura del yo» que Montaigne delineó con sus «Ensayos», a la vez que fundaba este género literario, y se consolida filosóficamente casi un siglo más tarde, con el hallazgo del «cogito» cartesiano. Esos dos espacios extremos de intimidad son los que nos hicieron verdaderamente modernos. Ferran Sáez Mateu traza un recorrido desde la solitaria torre de Montaigne en el siglo XVI hasta la actualidad, marcada por tecnologías que nos fascinan aunque siempre exigen algo a cambio. En el camino asistimos a la renuncia dócil a nuestra privacidad, y a su corolario más preocupante: el potencial olvido y la pérdida de la intimidad.
La lágrima de Jantipa es un estudio de la Grecia clásica a partir de la palabra de los filósofos y su concepción de lo femenino, un ensayo histórico sobre la configuración de un pensamiento que suponía que las mujeres no debían ser educadas más allá de la labor matronalis y los deberes conyugales.
Pero este libro no se conforma tan solo con narrar esa historia desde las academias, los liceos, los jardines o los pórticos de los filósofos, sino que también transita el campo y la ciudad, la asamblea y el ágora, los gimnasios y los gineceos, las escuelas y los mercados, la acrópolis y el arrabal, el cuerpo y el espíritu, el imaginario y la realidad, el teatro y el simposio, la casa y el mercado.
En esos escenarios se exponen las coacciones del eros, las hijas de Pandora y las diferencias sexuales, las feminidades, las masculinidades y la convivencia política, la asimetría del género y su larga duración desde la Grecia antigua.
Una cenicienta… ¡hasta su irresistible seducción!
Para Ruby Clarkson, un fastuoso baile de máscaras era la oportunidad perfecta para olvidar su tímida inocencia y convertirse en alguien distinto por una noche. ¡Se quedó petrificada cuando el multimillonario Sam Ventura la sacó de la pista de baile para cautivarla con una seducción anónima cargada de magia apasionada! Pero, cuando Ruby se dio cuenta de que su héroe de incógnito era su nuevo jefe y que estaban atrapados juntos durante todo un fin de semana, las caricias prohibidas de Sam fueron lo bastante poderosas como para desarmar a Ruby para siempre…
¿Cuál es la distancia que separa una obra de arte valiosa de la que no lo es? ¿Acaso es una mera cuestión de gusto, de bagaje, de canon, de accesibilidad, de marketing? Juan Cárdenas aventura en este libro una teoría: «Todo gran arte trae consigo la marca de la ligereza». No es tan fácil distinguir lo ligero de lo pesado, pero hay algo que está claro: la fuente primordial de la ligereza es el placer. El arte da placer no porque imite a la vida, sino porque es capaz de traducir sus leyes secretas al lenguaje de las formas sensibles. Y la vida es ligera, fugaz, esquiva, grácil, vulnerable y resistente de un modo inexplicable. En su afán por desentrañar este concepto, el autor nos lleva de la mano por una serie de cuestiones esenciales para reflexionar sobre lo que hoy consideramos digno de admiración, ya sean las modas, lo militante, las inercias del mercado, la posibilidad de la utopía o el lado oscuro de uno de los mantras de la sensibilidad contemporánea: la búsqueda de la autenticidad. Un recorrido original que acaba por ser, además, una manera de esclarecer los mecanismos de su propia escritura. La precisión y la afabilidad de su prosa, la plasticidad de sus ideas y su deslumbrante capacidad para exponerlas de una forma tan sencilla como profunda hacen de La ligereza un ensayo estimulante y fértil, una grieta luminosa en el imperturbable territorio de lo mayoritario.