Desde los años veinte, la imagen popular de la Legión Extranjera Francesa quedó grabada en el imaginario colectivo a partir de la novela Beau Geste, de P. C. Wren: un mundo de aislados y remotos fortines, feroces tribus guerreras y hombres desesperados de todas las nacionalidades que, huyendo de turbios pasados, se alistaban bajo seudónimos para luchar y morir bajo el sol del desierto. Una imagen romántica y llena de clichés que ha opacado una realidad mucho más rica y apasionante, jalonada de combates sin cuartel en exuberantes oasis en medio de la desolación, operaciones de contrainsurgencia en selvas infestadas de tigres, templos alfombrados de cráneos humanos en las profundidades de la jungla, e implacables marchas desafiando los límites de la resistencia humana. En su libro Camaradas bajo la arena, brindis con que los legionarios recuerdan a sus caídos, Martin Windrow narra con la pulsión de la mejor historia militar la «edad de oro» de la Legión Extranjera Francesa: su configuración y desarrollo como cuerpo, la idiosincrasia de unos soldados que decidieron emprender una vida al margen de convencionalismos y que conformaron una de las unidades militares más legendarias de la historia, y sus principales campañas durante la expansión colonial francesa, de los ardientes desiertos y escarpadas montañas de Marruecos a las opresivas selvas de Tonkín, de los traicioneros manglares de Dahomey hasta los inclementes altiplanos de Madagascar. Pero va mucho más allá, para profundizar en las tensiones entre poder político y militar en el seno de la Tercera República, una compleja relación nacida de los humeantes rescoldos del París de la Comuna que condicionó una política exterior de constante expansión durante la era del colonialismo europeo.
Desde la antigua Mesopotamia hasta la época helenística y romana, desde la antigua India hasta el Mediterráneooriental, se crearon en la Antigüedad algunas de las composiciones más poéticas y de sentimiento religioso más profundo de la historia de la literatura y de la religión.
Este libro sigue el rastro de constantes hímnicas que desde la antigua Mesopotamia dan expresión al canto a la divinidad, mezclándose entre sí y adaptándose a nuevos dioses hasta llegar en época helenística al Mediterráneo oriental.
A las distintas tradiciones hímnicas que se van imbricando hasta llegar al mundo grecorromano –babilonia, acadia, egipcia, india, ugarítica, hitita y luvita– está dedicada la primera parte del libro. La segunda parte se consagra a la variedad hímnica en el Oriente heleno.
La historia de Cartago suele contarse desde la mirada de quienes la destruyeron. Pero durante casi seiscientos años, esta poderosa ciudad del norte de África fue una de las civilizaciones más ricas, influyentes y temidas del Mediterráneo occidental. Hogar de figuras legendarias como Aníbal y Dido, de imponentes elefantes de guerra, de creaciones artísticas de enorme belleza y de una fuerza militar capaz de rivalizar con cualquier potencia, Cartago fue mucho más que la sombra proyectada por Roma sobre su memoria.
En este libro apasionante, la doctora Eve MacDonald reconstruye la cultura perdida de Cartago y la vida de su pueblo. Gracias a nuevos hallazgos arqueológicos y a una lectura crítica de las fuentes, MacDonald rescata del silencio la historia real tras la leyenda: un viaje que se inicia en el Levante fenicio de los inicios de la Edad de Hierro y que se despliega a lo largo de toda la costa africana hasta el Atlántico. Su narración devuelve a Cartago el lugar que le corresponde en la historia mediterránea y muestra cómo su influencia fue decisiva para el mundo antiguo. Recuperada de los romanos, esta es la versión cartaginesa del relato. Una historia que revela una verdad incómoda: sin Cartago, nunca habría existido Roma.
Invitado a exponer sus piezas de cerámica en el museo Nissim de Camondo, Edmund de Waal disfrutó del inesperado privilegio de adentrarse en uno de los palacetes más lujosos de París, antigua propiedad de una influyente familia sefardí. Construido por deseo del filántropo y coleccionista de arte Moïse de Camondo en 1912, el edificio acoge desde entonces una extraordinaria colección de arte francés del siglo XVIII. Sin embargo, como ocurrió a los antepasados de De Waal, los Ephrussi, también los Camondo se convirtieron pronto en blanco del antisemitismo. El infausto destino de este ilustre linaje sobrecogió a De Waal, que comenzó a escribir las cartas reunidas en este libro para rendir homenaje al recuerdo de una familia perdida y «contrarrestar el silencio del desdén». El resultado es una conmovedora y personalísima reflexión sobre el precio de la asimilación, la melancolía, los vínculos familiares, el arte, las vicisitudes de la historia y el valor de la memoria.
La correspondencia de los Lósev es un documento excepcional sobre la vida cotidiana en el Gulag: el frío, el hambre, el trabajo general, los criminales, los traslados, las incesantes gestiones para obtener la revisión de la sentencia, la oscuridad, la humedad, las literas estrechas, la vida en barracas donde los hombres se hacinan como arenques... En lo más profundo de este infierno dos voces resuenan, formando una sola. La primera se rebela, se muestra alterada, en búsqueda de una serenidad difícil de encontrar. La segunda voz, sin embargo, es suave, regular, tierna, íntima. Valentina Loseva solo busca consolar el alma agotada de su compañero. La correspondencia de los Lósev no fue publicada íntegramente en Rusia hasta 2005. Por tanto, es una oportunidad única para conocer el alma de un gran intelectual y buscar con él la esencia del ser humano.
Dario Džamonja (1955-2001) creció en las calles de la Sarajevo de los años setenta y frecuentó desde muy joven a buscavidas y bohemios de diverso pelaje. Influenciado por el realismo sucio norteamericano, escribió como nadie sobre la cara oculta de su ciudad. Sus cuentos breves, de corte autobiográfico, le granjearon una gran popularidad entre sus conciudadanos. La Guerra de los Balcanes, sin embargo, truncó su carrera literaria y lo obligó a emigrar a los Estados Unidos. Allí, lejos de su amada Sarajevo, sobrevivió como buenamente pudo y narró con crudeza y humor negro la alienación que sentía. La colección de relatos Cartas desde el manicomio (2001), primera traducción a una lengua extranjera de un libro de Džamonja, es una crónica semificcional del periplo del autor entre Sarajevo y los Estados Unidos, que abarca desde el inicio de la guerra hasta su regreso en 1998.