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EL DIA DEL LOBO (OF)

«Ese fue el cuento de mi infancia. El más impresionante. El cuento que siempre le pedía a mi abuela materna que me contara. Su viaje al infierno. Allí siempre estaba el lobo acechando. Mostrando los colmillos afilados, su sed de sangre. El lobo que vino todos los días. No había encantamientos, brujas ni monstruos de tres cabezas que pudieran compararse con aquella historia». El lobo que persiguió a miles de hombres, mujeres, niños que huían de Málaga en febrero de 1937. Una carretera tortuosa, un río de personas, animales y vehículos sobre el que aparecía el estruendo de los motores, el zumbido de las bombas y la metralla. A su paso, amasijos de ropa y carne en la cuneta. Sangre, lodo, humo. La silueta de un perro negro. Un hombre ahorcado. Un niño muerto dentro de una maleta… El lobo que atacaba a los que huían en un éxodo masivo, sí, pero también el de la Málaga invadida, donde se dispone a vengar los desmanes cometidos por los rojos, ya sea en los hijos de ese color maldito o no. El lobo que corre por las calles en el Madrid del «No pasarán», que no gruñe ni aúlla. Busca, muerde, desgarra. Ejecuta. En el éxodo malagueño, en Madrid, qué bien resistes, en la Casablanca que recibe exiliados al principio de la guerra, en el frente de Levante al final de ella, se encuentran miembros de dos familias, los Soler y los Marcos, que son el reflejo de unos seres arrastrados por el peso de la Historia. De las peripecias de esas dos familias, separadas, a veces extraviadas, habla este cuento —ojalá no fuera verdadero—. Antonio, descendiente de esas dos sagas, recoge con palabras propias y prestadas, de sus familiares y de otros protagonistas, el testimonio directo de quienes sobrevivieron rabiosamente cuando «todo era boca de lobo y el viento aullaba como si también el aire se hubiese contagiado del alma oscura de las bestias».
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EL DIA MAS LARGO

Considerada una obra maestra de la historia militar, El día más largo es el insuperable relato de Cornelius Ryan sobre el Día D que recrea las fatídicas horas que precedieron y siguieron al desembarco de Normandía. Publicada por primera vez en 1959, narra con minucioso detalle los años de planificación que llevaron a la invasión, su desenlace épico y cada golpe de suerte y acto de heroísmo que marcarían la decisiva batalla que libró Europa de las garras del fascismo.
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EL DIA QUE EL EMPERADOR MATO UN R. (OF)

El emperador romano Cómodo quería matar un rinoceronte con arco y flechas, y quería hacerlo en el Coliseo. Su pasión por la caza era tan ferviente que soñaba con abatir todo tipo de bestias, y su destreza era tal que se afirmaba que nunca erraba un blanco. Durante catorce días, a finales del año 192 d. C., Cómodo organizó los combates entre gladiadores más fastuosos y espectaculares que Roma hubiera visto jamás. La gente acudió desde remotas regiones del imperio para presenciar un espectáculo en el que el propio emperador sería la atracción estrella, pues planeaba luchar en la arena como un gladiador más. ¿Por qué los gobernantes gastaban ingentes recursos en tan desmesurados espectáculos? ¿Por qué la plebe disfrutaba presenciando la matanza de animales y la lucha a muerte entre los hombres? ¿Cómo comprender en la actualidad su verdadero significado? Con brillantez y agilidad, Jerry Toner responde a estas preguntas examinando, entre otras, las nociones de honor personal, vigor viril y sofisticación que convertían los juegos en un poderoso relato sobre sí mismos que a los romanos les encantaba contarse.
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EL DIOS INCOMPRENDIDO

Si algo ha marcado la historia de la humanidad como una constante, a veces terrible, a veces propicia, pero siempre ingobernable, esta ha sido el clima. Desde la Prehistoria hasta nuestros días, comprender y, sobre todo, adaptarse a ese desafío, el del cambio climático, ha venido determinando la delgada línea roja que separan la prosperidad –o la mera supervivencia– del colapso, la muerte y la desaparición. Un desafío al que hubieron de hacer frente los neandertales, atenazados por el frío extremo en la época glacial; los nómadas pastores del Sáhara verde y las gentes del Calcolítico ibérico; los egipcios constructores de pirámides, ante el cambiante curso del Nilo; los visigodos y bizantinos en la Alta Edad Media, cuando los volcanes taparon el cielo; los comanches cazadores de bisontes y la «pequeña edad del hielo»… A lo largo y ancho de las épocas y los continentes, sociedades muy diversas han debido afrontar el reto del dios incomprendido, el clima, que, con sus continuas, y a veces catastróficas, mudanzas, ponía a prueba la resiliencia de pueblos e imperios.
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EL ECO DEL TIEMPO

En 1785, cuando el gran poeta alemán Friedrich Schiller escribió su inmortal Himno a la alegría, cristalizó las esperanzas y los sueños más profundos de la Ilustración europea para una nueva era de paz y libertad, una época en la que millones de personas se considerarían como iguales. La Novena Sinfonía de Beethoven dio entonces alas a las palabras de Schiller, pero apenas un siglo después esas mismas palabras fueron reivindicadas por los propagandistas nazis y tergiversadas por la barbarie. Cuando se trata de cómo las sociedades recuerdan estos sueños y catástrofes cada vez más lejanos, solemos pensar en libros de historia, archivos, documentales o memoriales tallados en piedra. Sin embargo, en El eco del tiempo, el galardonado crítico e historiador cultural Jeremy Eichler defiende de forma apasionada y reveladora el poder de la música como memoria de la cultura, una forma de arte singularmente capaz de transmitir el significado del pasado.
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EL EMIR QUE SE APELLIDABA MARTINEZ

España se cuenta también desde los muros de sus castillos y fortalezas: entra y escucha lo que la piedra aún recuerda. Los castillos que jalonan nuestra geografía son una fotografía apasionante del pasado revelada en piedra. Su memoria persiste, y las leyendas también. En un tiempo fueron lugar de fiestas pantagruélicas, abrigo de niños correteando por sus pasillos, temibles mazmorras para el enemigo, fortalezas preparadas para la batalla o lugares de descanso imperial. Los personajes que aparecen en estas páginas insuflaron a los castillos un espíritu que aún sobrevive. Isabel I sigue saliendo todos los días del Salón de Reyes del alcázar segoviano camino a su coronación, Eugenia de Montijo continúa transformando Belmonte en un palacio francés cual chiquilla caprichosa, y aún se oyen los lloros infantiles de la pequeña Constanza de Aragón, encerrada en la ciudadela de Villena, esperando que el infante don Juan Manuel la despose. Son historia de España, de sus guerras, de sus vicisitudes, de sus derrotas y de sus victorias.
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