Desde su creación en 1974, el cubo de Rubik ha vendido más de 400 millones de ejemplares. Pese a que pocos saben resolverlo, su creador Ernó Rubik asegura que cualquiera podría haberlo inventado. Esta es la historia de un célebre juego, pero también la del hombre que hay detrás: uno que ya de niño adoraba los puzles geométricos y que de ahí en adelante se encargó de imaginar muchos otros juegos posibles. Uno que jamás dejó de divertirse y de soñar con nuevos rompecabezas e ingenios matemáticos, y que sin quererlo inventó uno de los objetos más icónicos de todos los tiempos. Rubik son unas memorias repletas del ímpetu nostálgico y la humildad de un genio. Pero no solo son unas memorias, son mucho más que eso. Son también una explicación única del proceso creativo, un manual para el paciente e imperfecto arte de la invención, y una invitación al acto más puro y creativo de todos: jugar.
En verano de 1812, Napoleón, en el apogeo de su dominio de Europa, marchó hacia Rusia con el mayor ejército de la historia y la convicción de que la expansión de su imperio era imparable. Sin embargo, apenas dos años después sus ejércitos fueron derrotados y Rusia salió victoriosa. Gracias a un profundo conocimiento de la singular realidad social, política y económica en tiempos del zar Alejandro I, este ensayo muestra por primera vez el papel crucial que desempeñó Rusia en las guerras napoleónicas. Dominic Lieven despliega ante los ojos del lector un auténtico fresco en el que tanto el emperador y los oficiales de su Estado Mayor como los soldados cobran vida. El fascinante relato pormenorizado de los acontecimientos que marcaron primero la estratégica retirada de las tropas rusas y finalmente la marcha sobre Europa liderada por el ejército del zar permite al autor desmantelar el afianzado mito según el cual la derrota de Napoleón fue el resultado del inclemente paisaje invernal ruso y señalar así el decisivo lugar de Rusia en la política europea, un lugar que incluso hoy merece la pena recordar.
Tras el colapso del imperio zarista, entre 1917 y 1921 tuvo lugar en Rusia una lucha devastadora: una incompatible alianza blanca de socialistas moderados y monárquicos reaccionarios tenía pocas posibilidades contra el Ejército Rojo de Trotsky y la dictadura comunista de Lenin. El terror engendró el terror, que a su vez condujo a una crueldad aún mayor sobre hombres, mujeres y niños. La lucha se convirtió en una guerra mundial por delegación, ya que Churchill desplegó armamento y tropas del imperio británico, mientras las fuerzas armadas de Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Polonia y Checoslovaquia desempeñaron papeles rivales.
Utilizando los estudios más actualizados y la investigación de archivos, Antony Beevor reúne la imagen completa en una narración apasionante que transmite el conflicto a través de los ojos de todos, desde el trabajador en las calles de Petrogrado hasta el oficial de caballería en el campo de batalla o la mujer médico en un hospital improvisado.
En la Antigüedad, el saber verdaderamente valioso era el entendimiento de los orígenes, del del nacimiento del mundo y de los dioses o héroes. Más tarde, el saber se orientó hacia el conocimiento sobre el futuro y la utopía que nos esperaba. Hoy, en cambio, parece atrapado en la necesidad de comprender un presente sofocante y demasiado extenso; pasado y futuro han convergido y nos ahogamos en su vórtice, confundiendo el saber con la mera comunicación. Pero este libro no es una elegía por la sabiduría perdida. Es una invitación a reflexionar sobre qué es para nosotros el saber y cómo podemos transmitirlo a quienes ocupen después el mundo.
Desde la carga de Balaclava hasta los últimos galopes entre carros de combate y ametralladoras, esta es la gran historia de la caballería en la guerra moderna. Durante casi un siglo, de 1860 a 1945, el arma montada recorrió el mundo: cruzó las praderas del Salvaje Oeste, vivió una de sus hazañas más heroicas con el Regimiento de Cazadores de Alcántara y fue fundamental en las dos guerras mundiales.
Ismael López sigue su rastro en todos los frentes: en la guerra de Secesión estadounidense, en las campañas coloniales, en la tormenta de acero de la Gran Guerra, en las estepas donde irrumpió la Caballería Roja, en los campos de batalla de la Guerra Civil española o en los escenarios de la Segunda Guerra Mundial, cuando los jinetes siguieron cabalgando sable al viento. A través de sus grandes líderes, unidades célebres y gestas más brillantes, Sables al viento desmonta mitos y reconstruye la evolución y el espíritu de un arma a la que se dio por muerta antes de tiempo.
Desde la Antigüedad, la sal ha sido una de las materias más valiosas para el ser humano. Homero la consideraba una sustancia divina y Platón la describía como especialmente apreciada por los dioses. Hoy, sin embargo, solo se la concibe como un ingrediente esencial en la gastronomía. Su sentido y funciones originales han quedado difuminadas.
Pocos elementos han alterado tanto el curso de la historia como esta piedra: funcionó como moneda de cambio para financiar tanto reliquias históricas como imperios que iban desde Europa hasta Asia. Las técnicas de extracción de la sal impulsaron métodos de perforación que más tarde se aplicarían en la industria del petróleo, actuó como el germen de conflictos bélicos y redefinió rutas comerciales que conectaron desiertos remotos y océanos hasta entonces desconocidos. Asimismo, su capacidad para conservar y preservar la vida la convirtió en un símbolo religioso universal.
Con un profundo rigor científico, Mark Kurlansky combina en Sal una miríada de datos históricos, sociopolíticos, culturales y gastronómicos que, en conjunto, ponen de relieve el carácter caleidoscópico de la sal y su impacto en el devenir de la civilización.