Maquiavelo alabó su genialidad militar, su biografía inspiró la primera ópera de Mozart y durante siglos se buscó su elixir contra el veneno. Pero pocas han sido las narraciones completas acerca de la vida de Mitrídates, el rey despiadado y visionario que desafió el poder de Roma en el siglo I a. C. De ahí la relevancia de esta obra, en la que Adrienne Mayor combina sus dotes narrativas con los más recientes descubrimientos arqueológicos y científicos para contar la historia de Mitrídates como nunca antes se había hecho.
Queriéndose descendiente de Alejandro Magno y de Darío III de Persia, Mitrídates heredó un próspero reino en el mar Negro a los 14 años, después de que su madre envenenara a su padre. A partir de este núcleo, concibió un gran imperio oriental que rivalizara con Roma y, tras orquestar la matanza de ochenta mil romanos en un solo día, se anexionó Grecia y Anatolia. Protagonista de algunas de las batallas más espectaculares de la historia antigua, pugnó durante décadas con una Roma que se tomó muy en serio el peligro de este nuevo Aníbal, que amenazaba incluso con atacar la propia Italia.
Un viaje al corazón oscuro de la mente humana contado con rigor y sin morbo.
¿Por qué hacemos daño? Esta es la pregunta más perturbadora a la que Juan Enrique Soto, psicólogo y especialista en análisis de conducta criminal, se enfrenta en este libro.
¿Es posible comprender el mal sin caer en el morbo? ¿Se puede analizar la conducta más atroz desde la razón, sin traicionar la sensibilidad?
Con una mirada que combina ciencia, ética y experiencia, El rostro del mal evita los tópicos y se aleja del sensacionalismo para ofrecernos un recorrido riguroso por las raíces del daño humano. A través de casos reales, análisis psicológicos, claves biológicas y reflexiones filosóficas, el autor nos invita a observar el mal como un fenómeno complejo, muchas veces invisible, pero siempre inquietante.
Este libro no promete respuestas definitivas, pero ofrece las mejores preguntas, y una certeza: solo si comprendemos cómo se gesta el mal, podremos reconocerlo, prevenirlo y, quizá, oponerle resistencia.
Porque entender el mal no es justificarlo… pero quizás sea la única forma de no repetirlo.
El rugido de nuestro tiempo es a veces decolonialista y a veces panhispanista, pasa del insulto al lamento y de la santimonia al chasquido de la motosierra. En cualquier caso, se manifieste como se manifieste, hay que prestarle atención porque es una pista para entender las ideas y los valores que están moldeando el presente de nuestras sociedades. Esta labor, la de comprender y analizar el presente, la inicié hace seis años con Salvajes de una nueva época, y continúa con este ensayo. Seguirá en el futuro, ojalá con menos rugidos y menos salvajes, con menos desórdenes y extravagancias de los cuales dar noticia».