Un relato épico de la gesta que cimentó el primer Imperio global de la historia.
Esta es la historia de los intrépidos españoles que tras el descubrimiento de América se lanzaron a surcar un nuevo océano -al que llamaron Pacífico- y lograron asentarse en las islas Filipinas, estableciendo un enclave único: un encuentro entre Oriente y Occidente sin precedentes con culturas como la china o la japonesa.
Elcano, Loaysa, Legazpi o Urdaneta son algunos de los nombres que pasaron a la historia, pero junto a ellos también navegaron quienes, sin figurar en los libros, buscaron fortuna o simplemente sobrevivir: carpinteros, pilotos, grumetes, soldados, escribanos, religiosos, agricultores, artesanos, comerciantes... A lo largo de estas páginas conoceremos sus aventuras, no exentas de peligros, desafíos y desdichas, pero también de hazañas sin igual. Viajaremos con ellos a través del increíble proceso sociocultural que supuso establecerse en un lugar tan remoto y diferente, con un análisis exhaustivo que nos ayude a comprender la epopeya que allí se vivió en una época histórica incomparable.
En las páginas de Heterodoxos se recuerdan las figuras políticas como la de de Julián Besteiro, que cosechó por igual el odio tanto de la izquierda como de la derecha; sacerdotes como José María Albareda, fundador del CSIC; prominentes falangistas como Mercedes Formica, así y todo impulsora de grandes reformas jurídicas en favor de las mujeres; o nacionalistas catalanes como Francisco Cambó, que soñó con gobernar el país.
Como advierte Andrés Trapiello desde el mismo prólogo, «hay algo común a todos estos personajes: la fuerte personalidad de cada uno de ellos, propia de quienes sobrevivieron (algunos ni eso) en una época del siglo XX caracterizada por su encarnizada voracidad para aquellos que se salían de la secta y buscaban el bien de la comunidad en el sentido común».
Un divertido y conmovedor libro de memorias en ensayo de la comediante Aida Rodríguez sobre el poder de superar las dificultades y transformar el dolor en risa.
Aida Rodríguez ha vivido, por decir poco, una vida de torbellino. La historia de cómo pasó de la pobreza a la opulencia es alucinante: cuando era niña, su madre la secuestró y se la llevó de la República Dominicana a los Estados Unidos. Más tarde, un nuevo secuestro, esta vez a manos de su abuela y su tío, la dejó en Florida. Ya de adulta, escapó de un matrimonio tormentoso y terminó, junto con sus hijos, mendigando por las calles de Los Ángeles. Durante todas esas adversidades, Aida nunca perdió su sentido del humor.
Nacida con un maravilloso ingenio y un espíritu irrefrenable, Aida ha utilizado su talento y trabajado sin descanso para convertir la tragedia y el dolor en una comedia mordaz que abarca todo, desde la misoginia y el racismo hasta las redes sociales y los titulares de prensa. Con el tiempo, lanzó un exitoso especial en Max que la llevó a múltiples acuerdos de desarrollo, un logro que le ganó una audiencia nacional, le abrió puertas y la ayudó expandir la forma en que los latinos están representados en la comedia.