POR QUÉ LAS RELACIONES MODERNAS NO TE ESTÁN HACIENDO FELIZ
¿Debe un hombre pagar la cuenta en una primera cita o hacerlo es un gesto machista? ¿Besarte con tres personas en sensación de vacío? ¿Es cierto que somos iguales, o quizá somos muy diferentes y tenemos necesidades distintas?
Hoy desear compromiso se interpreta como dependencia, acostarse con desconocidos se celebra como libertad, ser fiel parece aburrido, y amar intensamente, inmaduro. En un ecosistema de relaciones cada vez más frágiles, a las mujeres se les ha enseñado a no depender de un hombre, y a los hombres, que todas quieren aprovecharse de ellos.
Pola Jankowska, la psicóloga cuya voz llega cada mes a millones de personas, cuestiona en este libro muchos de los discursos culturales que hoy se repiten como verdades incuestionables. A través de contrastes entre la mentalidad moderna y la tradicional, y con situaciones de la vida cotidiana, explica lo que dice realmente la psicología sobre la atracción, el apego y el compromiso, y por qué muchas de las ideas actuales no sólo están afectando a las relaciones, sino también a la estabilidad y el bienestar personal.
Lo que hoy se ridiculiza como anticuado —la fidelidad, la modestia, la familia o el propósito compartido— no es un error del pasado, sino una verdad incómoda: el ser humano no está hecho para la superficialidad, sino para el vínculo.
Giorgio Nardone, uno de los psicólogos y psicoterapeutas más respetados de Italia, nos conduce al descubrimiento de los mecanismos de la estupidez y nos sugiere antídotos eficaces para protegernos de sus trampas y convivir con ella de la manera más funcional posible. Porque nada es del todo malo y todo puede ser útil: incluso la estupidez.
Todos hemos tropezado alguna vez con la estupidez y hemos adoptado comportamientos que, a posteriori, no parecen nada sensatos. A veces es incluso un exceso de razón lo que nos vuelve estúpidos, cuando por ejemplo nos obstinamos en defender nuestras ideas incluso si fracasan, confundiendo determinación con terquedad y tenacidad con cerrazón. Y así, cegados por éxitos efímeros, en vez de corregir estas actitudes, las repetimos con total convencimiento y acabamos convirtiendo manifestaciones ocasionales de imbecilidad en un rasgo permanente del carácter. La estupidez no existe en la naturaleza, no es un defecto biológico; es un producto enteramente humano, pero representa el mayor peligro para la humanidad, un virus taimado al que nadie es inmune. ¿Cuál es el origen de esta actitud? ¿Qué consecuencias tiene en la vida diaria?
Estamos acostumbrados a ser testigos de violencias extremas, torturas, violaciones y humillaciones en todas las formas del arte. A menudo la crueldad allí desplegada se nos presenta como espectáculo o como propaganda de las ideas hegemónicas. Sin embargo, hay una crueldad que no satisface el morbo del espectador ni corteja sus valores, sino que lo confronta con sus hipocresías y sus miserias. Es ética en el sentido de que pretende una transformación del lector, aunque tenga que agredirle para ello y atentar contra sus certidumbres, adentrándose en ámbitos que rondan el tabú, como la violencia despiadada y el sexo desaforado. La ética de la crueldad, que recibió varios premios y ha sido traducida a diversos idiomas, defiende una literatura contraria a la cultura del espectáculo y a la asepsia posmoderna, una literatura que aborrece lo inocuo y lo complaciente. E ilustra su propuesta teórica con una original exploración de novelas de Bataille, Canetti, Martín-Santos, McCarthy, Kristof, Onetti y Jelinek, autores crueles cada uno a su manera. Después de leerlos, no se puede seguir viviendo como antes de hacerlo. Y lo mismo le sucederá a quien lea este ensayo, que ha sido revisado y ampliado por su autor para esta edición.