Cómo identificar y rebatir las falacias de la izquierda radical.
Los progresistas se presentan como los defensores de la razón, la ciencia y la justicia social. Pero ¿qué ocurre cuando sus argumentos no resisten el más mínimo escrutinio?
En Mitos progres, el filósofo Michael Huemer desmonta, con datos y rigor, algunas de las ideas más influyentes y repetidas del progresismo actual: que la brecha salarial entre hombres y mujeres se debe al machismo; que los tiroteos policiales son sistemáticamente racistas; que el género es un mero constructo social, o que el cambio climático nos llevará a la extinción.
Con un estilo claro y valiente, Huemer demuestra que muchas de estas afirmaciones no son inocentes ni irrelevantes: son mitos ideológicos que distorsionan el debate público, polarizan a la sociedad y justifican políticas ineficaces —o directamente dañinas—. Y lo que es aún peor: se utilizan como armas morales para silenciar la disidencia y blindar una visión dogmática del mundo.
Este libro no pretende imponer una nueva ideología, sino recuperar algo más necesario que nunca: el respeto por los hechos, el pensamiento crítico y la libertad de disentir.
La actividad sexual es placentera y saludable. Y si va unida a afectos y vínculos amorosos es un factor fundamental para nuestro bienestar o felicidad. Sin embargo, la sexualidad no es un mero instinto, sino una motivación o pulsión que nos permite decidir y tener en cuenta el consentimiento o acuerdo de la otra persona. En esta obra se hace una revisión de distintos modelos educativos que se han presentado en materia de sexualidad, con especial mención al modelo biográfico y ético por ser este decidido y construido por la persona (es decir, biográfico) y teniendo en cuenta a los demás (esto es, ético). En la exposición de cada modelo se plantean los objetivos y competencias que se pretenden alcanzar, los contenidos y actitudes que se trabajan y la metodología utilizada. Se describen también las funciones de la persona, la familia, la escuela y los profesionales. Asimismo, se presentan varios programas de educación sexual del autor y uno de Javier Gómez Zapiain.
En estas páginas, Diego S. Garrocho no arma una defensa de la prudencia ni de las buenas maneras en política, sino la constatación de cómo en un contexto atravesado por irracionales identitarismos y juegos de posición, la moderación es, sobre todo, un acto de valentía.