Roberto Calasso evoca su infancia en la Florencia de la Segunda Guerra Mundial y la posguerra.
Una bellísima evocación de episodios de la infancia en Florencia en los años de la guerra y la inmediata posguerra: un gato de peluche, la detención del padre tras el asesinato del intelectual fascista Giovanni Gentile, el abuelo editor, los soldados americanos vistos desde una ventana, la primera lectura de Proust con trece años, los secretos vínculos con Kafka y Pasternak, el descubrimiento del eros en unas ilustraciones de Orlando furioso de Doré, un par de cafés y una droguería, las figuritas del pesebre en el salón de casa, el olor del polvillo de los escombros de Por Santa María, la decisión infantil de llamarse Memè Scianca…
Judith Butler es una de las figuras más destacadas del panorama filosófico actual. Su contribución a los estudios de género y la teoría crítica ha abierto espacios para el feminismo, la teoría queer y los estudios transgénero. Su decidida interrogación acerca de la vulnerabilidad constitutiva de la existencia humana, que apunta a una comunidad global más justa y no-violenta, ha marcado el debate político contemporáneo.
Muchos son los filósofos y escritores que Butler lee y relee con una libertad indesligable del carácter comprometido de su pensamiento. Al igual que los movimientos sociales le sirven para pensar e identificar los problemas, en sus lecturas busca elementos para su pensamiento ético-político y vías para mostrar que el “marco” de inteligibilidad vigente no es el único posible ni necesario.
En este libro, testimonio de la profunda amistad entre George Steiner y Nuccio Ordine, el amor por los clásicos, la pasión por la enseñanza y el papel esencial de la literatura para la humanidad constituyen los temas de un intenso diálogo nutrido durante más de quince años. Ordine traza un original retrato de Steiner, al que describe como un «huésped incómodo» que habitó el judaísmo, la literatura y la vida de un modo muy singular: no sólo dijo a menudo lo que muchos habrían preferido callar, sin atenerse a las convenciones o los tabúes, sino que su propia concepción de la vida encontró su verdadero fundamento en la idea del huésped. Ésta no consistía tanto en una invitación a respetar pasivamente las leyes de quien nos acoge, cuanto en la oportunidad de contribuir a mejorar la vida de los demás y la propia a través del intercambio de ideas y el diálogo, un ideal tan necesario como difícil de poner en práctica.