El fin de la historia no puede haber llegado con el neoliberalismo, como anunció Fukuyama. El espíritu universal, según Hegel, sigue un proceso dialéctico entre dos polos opuestos cuya tensión culmina en su síntesis. Así como el salmón, que retorna a su lugar de nacimiento para morir y desovar, el espíritu universal, tras su paso por Europa y hacer escala en Silicon Valley, vuelve al origen, que Hegel identifica en China. Aquí encontramos la síntesis entre capitalismo liberal y comunismo. La inteligencia artificial será su nueva herramienta de poder económico-tecnológico, que logrará desbancar al ser humano. Quizás entonces la historia humana llegue a su fin.
Con una riqueza de ideas y el uso de potentes símbolos e imágenes, Moritz Rudolph nos ofrece una filosofía de la historia mediante una narrativa original y provocadora que desborda los límites de las categorías teóricas habituales. El ensayo se presenta como una llave de comprensión de nuestra historia presente y de un posible futuro cada vez más cercano.
¿Y si pudiéramos traspasar el espejo? ¿No quedaríamos fascinados con lo que hay del otro lado, un nuevo mundo donde todo está al revés?
En este libro el autor nos propone, a través de la metáfora del espejo, describir nuestra relación con las nuevas tecnologías y su impacto en el mundo actual. Intenta ir más allá de la imagen especular que las nuevas tecnologías crean en nuestra relación con el medioambiente, para no dejarnos fascinar por los medios tecnológicos con sus ambivalentes promesas de bienestar, pero también de destrucción.
El espejo de las nuevas tecnologías nos acerca, pero también nos separa de la naturaleza y del mundo. Es el cruce de múltiples contradicciones, una síntesis de opuestos. Duplica, a la vez que divide; amplía al mismo tiempo que restringe la mirada; reproduce y deforma. Mirarlo, es decir, mirar las nuevas tecnologías, nos posibilita describirlas y analizar el uso que hacemos de ellas, ya que no solo son una herramienta, sino que estructuran nuestra vida. Por eso es necesaria una filosofía de las tecnologías, al mismo tiempo que una antropología que describa al hombre en relación con estas. He aquí el aporte de este libro.
En 1565 Richard Breton edita en París Les Songes drolatiques de Pantagruel, una colección de 120 estampas grabadas en madera por un autor anónimo, que las firmó utilizando el nombre de Rabelais. El artista desconocido que grabó las estampas pudo ser François Desprez. Una selección de 25 estampas de Desprez fueron la inspiración directa de la serie de 25 litografías de Salvador Dalí tituladas también Les Songes drolatiques de Pantagruel. Dalí mantuvo las composiciones originales, introduciendo pequeños detalles que subrayaban su carácter fantástico. El imaginario carnavalesco pasa por el filtro de la «paranoia-crítica» daliniana, en una expansión de la estética de lo grotesco. Ese ciclo satírico-surrealizante sirve como pretexto visual para revisar a ese artista extravagante que llegó a decir que «la belleza será comestible o no será». Dalí canibaliza el mundo pantagruélico y nos invita a degustar un menú que es más inquietante que sabroso.