Benjamin Franklin (1706-1790) fue, "avant la lettre", el hombre representativo americano que podría haber figurado en la ilustre galería de retratos literarios de Emerson. Franklin, habitante de las colonias inglesas, presenció, y casi selló con un célebre discurso, el nacimiento de los Estados Unidos como primera democracia moderna, solicitando a los demás delegados de la Convención Federal reunidos en Filadelfia la recomendación unánime de la Constitución americana. La escritura de Franklin, sin embargo, tiene su raíz en la ética puritana, cuya poderosa y brillante imaginación había dado a luz una de sus lecturas favoritas, "El progreso del peregrino" de John Bunyan. Descendiente espiritual de aquellos "Pilgrim Fathers", el infatigable y polifacético Franklin transmitió a su época en el texto de su "Autobiografía" la necesidad de seguir cultivando una ética que no descuidara las fuentes clásica y judeocristiana de nuestra cultura (“Imitate Jesus and Socrates”), a la vista de las oportunidades que brindaba la vida en el Nuevo Mundo. La "Autobiografía" de Franklin, plagada de las anécdotas y enseñanzas de su larga vida, inacabada por definición, como el mundo en que se había gestado, iniciada como una carta a su hijo y continuada como un testimonio ante sus conciudadanos, conserva todo el valor promisorio de los textos fundamentales de la tradición norteamericana.
El miedo marca una época en la que están avanzando los populismos de derecha, aumentan los casos de depresión y se experimenta el capitalismo como una coyuntura crítica. El miedo es síntoma de una situación social de incertidumbre. La clase mayoritaria ve peligrar su futuro y el individuo se siente arrojado a un mundo en el que ya no se siente resguardado ni representado.
En Pensar el islam me propongo reactivar el pensamiento ilustrado. No pensar en el islam a favor o en contra, no es esa mi intención, sino pensarlo como filósofo. Leo el Corán, examino los hadits y consulto biografías del Profeta para mostrar que en ese corpus hay materia para lo peor y para lo mejor: lo peor, lo que unas minorías actuantes activan mediante la violencia; lo mejor, lo que unas mayorías silenciosas practican de forma privada. ¿Cómo debe la República considerar esas dos maneras de ser musulmán? ¿Existen relaciones y puentes entre monorías actuantes y mayorías silenciosas, sabiendo que la historia la hacen las primeras, y no las segundas? El presente libro también vincula lo que se ha dado en llamar el terrorismo con la política exterior islamófoba practicada por Francia siguiendo a la OTAN desde 1991. Llamamos barbarie a aquello que no queremos comprender. El islam terrorista ha sido parcialmente creado por el Occidente belicoso. Las cosas no son tan sencillas como unos y otros quieren darnos a entender. De ahí la necesidad de ponerse de nuevo a pensar. Sobre este tema y sobre otros.» Michel Onfray