En este ameno y breve tratado que lleva por título El arte de tener razón -o, más propiamente, de «salirse uno con la suya» en las discusiones-, Arthur Schopenhauer (1788-1860) se propone explicar cómo podemos hacer que triunfen nuestras tesis al margen de su falsedad o su inconsistencia. Como explica el preparador del texto, Franco Volpi, en el ensayo que clausura el volumen («Schopenhauer y la dialéctica»), el fundador del pesimismo señala que no es lo mismo la verdad objetiva de una proposición y su aprobación por los que la discuten. Debido a la perversidad natural del ser humano, en las disputas cotidianas no se procura, en efecto, que la verdad salga a la luz, sino que cada contendiente se afana en que se le dé la razón. En este opúsculo Schopenhauer busca, con gran ingenio, asistir a los hombres en tal inclinación.
Platón enseñaba paseando y su Academia se hallaba en un bosque sagrado. Aristóteles daba sus charlas en un parque y su escuela, el Liceo, recibía ese nombre por su sombreada arboleda. Los romanos cultos acudían a los jardines para conversar y estudiar. Los jardines pueden consolar, calmar y elevar el ánimo, pero también pueden desconcertar y provocar, y este es el valor filosófico que se ha perpetuado hasta la era contemporánea.
Esta fascinante obra explora la relación íntima de grandes figuras históricas -entre otros, Proust, Rousseau, Orwell o Dickinson- con plantas, árboles y flores que tanto amaban (y en ocasiones tanto detestaban) y revela los profundos pensamientos que se llevaron a cabo al aire libre. Jane Austen buscaba el consuelo de la perfección entre el filadelfo y la peonia de su casita de campo. Los manzanos helados de Leonard Woolf le sugerían justo lo contrario: un atisbo de la precaria brutalidad del mundo. La escandalosa autora francesa Colette descubrió la paz contemplativa en las rosas. Años más tarde, Jean-Paul Sartre describía la náusea provocada por un castaño: un grito existencialista que congregó a una generación.
Los jardines son una manifestación de la naturaleza al tiempo que la metáfora de la naturaleza humana, de allí su esencia filosófica y la belleza de este libro.
De acuerdo con los estudios epidemiológicos más recientes, los trastornos de salud mental afectan a una de cada cuatro personas. Por ello, no es algo ajeno cuando hablamos de personas con trastornos mentales, hablamos de nosotros mismos, de nuestros padres, de nuestros hermanos, parejas e hijos. Aunque en la actualidad existen tratamientos efectivos para los trastornos mentales más importantes, la mayoría de los afectados por problemas de salud mental tardan entre ocho y quince años en solicitar ayuda profesional o, incluso, no llegan a pedirla. En muchos de esos casos es debido al desconocimiento y a la falta de información especializada. Esta obra tiene como principal objetivo el de dotar a todos los profesionales, especialistas o no en salud mental y estudiantes en formación que trabajan o van a trabajar con personas, de estrategias útiles y prácticas para detectar problemas psicológicos y de salud mental y ayudarles a desarrollar habilidades que permitan eliminar el estigma de la enfermedad mental y garanticen el mejor tratamiento para todas las personas, en todas las etapas de su vida.