Una tarde de la primavera de 2008, sonó el teléfono de Philip Shenon en la delegación del New York Times en Washington. Quien llamaba era un importante abogado que había empezado su carrera hacía casi medio siglo como miembro de la Comisión Warren que investigó el asesinato de Kennedy. «Deberías contar nuestra historia», dijo. «No somos jóvenes, pero muchos de los miembros de la comisión seguimos vivos, y esta puede ser nuestra última oportunidad para contar lo que realmente ocurrió.» Así empezó un trabajo de cinco años para reconstruir la historia oculta de la investigación más importante y más controvertida del siglo XX.
El libro pronto se convirtió en algo mucho mayor: Shenon descubrió que gran parte de la verdad sobre el asesinato del presidente todavía no había sido contada, y que muchas pruebas habían sido escondidas o destruidas por la CIA, el FBI y otras personas que ocupaban lugares de poder en Washington. En el tenso y absorbente libro de Shenon aparecen las figuras legendarias que protagonizaron esa época: Bobby Kennedy, Jackie Kennedy, Lyndon Johnson o J. Edgar Hoover.
A partir de cientos de entrevistas y un acceso sin precedentes a
los miembros supervivientes de la Comisión y a otros protagonistas, el sólido y definitivo libro de Philip Shenon cambiará la idea
que tenemos del asesinato de Kennedy y de la fallida investigación que le siguió.
Paul Watzlawick es una de las figuras clave de la psicología del siglo XX. De origen austriaco, se asentó en 1960 en Palo Alto, California, donde a través de sus investigaciones en el Mental Research Institute desarrolló la teoría de la comunicación que lo hizo famoso. Para explicarla, estableció cinco axiomas, entre los que incluyó el que da título a este libro: no es posible no comunicar. Se trata de una recopilación de textos, extraídos de sus obras principales, en los que el autor abordó a fondo la comunicación.
El constructivismo radical de Watzlawick niega la existencia de una verdad absoluta. Cuando alguien ha creído encontrar esa verdad, ha terminado cometiendo los mayores crímenes contra la humanidad. Al mismo tiempo, nos alerta sobre el impacto de los medios de comunicación en el comportamiento humano: «Han llegado al punto de lavarnos el cerebro como ningún gobierno totalitario consiguió jamás».
Según el autor no encontramos la realidad, sino que la creamos. Nuestra percepción de la misma es pura construcción subjetiva, y, por tanto, modificable. Watzlawick nos ofrece métodos para analizar situaciones confusas, suavizar conflictos y aclarar diferencias de opinión. No podemos esperar fórmulas y recetas definitvas, puesto que la infinita diversidad de la vida nos obliga a reaccionar de un modo diferentes y nuevo en cada ocasión. Sin embargo, podemos entender en qué consisten los problemas. La realidad es el resultado de la comunicación.
La «dialéctica de la Ilustración» expresa la conciencia de la densa complejidad de los procesos que dieron lugar a la Modernidad y que ahora están a punto de superarla sin llevar consigo hacia adelante sus momentos de verdad. Significa, además, que esos procesos y la situación a la que nos han conducido están atravesados por una fundamental «ambigüedad»: que pueden realizar la Ilustración, pero también liquidarla, lo cual sucede siempre que se ignora aquella dialéctica. Éste es el tema que se dilucida en el debate que marca este fin de siglo: el debate sobre el tránsito de la Modernidad a la denominada posmodernidad. Un debate en el que están en juego los valores de la Ilustración que configuran la identidad de nuestra cultural. Preservar los valores de la Ilustración fue el interés que movió a Horkheimer y Adorno a escribir esta obra, cuya presente edición ofrece por primera vez al público de habla española una traducción completa con sus tres variaciones textuales, así como un estudio introductorio.
Monumental y excepcionalmente bien documentada, esta biografía de Alejandro Magno se sumerge en el misterio de uno de los más extraordinarios personajes de la historia, feroz conquistador de Asia y discípulo de Aristóteles, que terminó por sentar, a través de sus gestas, las bases mismas del helenismo. Lejos de ofrecer una mirada romántica y fantasiosa de la vida de Alejandro, Lane Fox recupera, con un lenguaje de insuperable maestría, todos los matices de una época histórica, desde las tácticas de batalla hasta las costumbres culinarias y sexuales, y nos acerca así a la dimensión humana de uno de los más grandes mitos de la historia de la humanidad.
Entre los siglos xvii y xix, la Revolución industrial transformó Gran Bretaña de una economía agrícola y artesanal a otra dominada por la industria, dando paso a un crecimiento sin precedentes de la tecnología y el comercio, y situando al país en el centro de la economía mundial. Pero la historia comúnmente aceptada de esta revolución, anclada en imágenes de fábricas de algodón y máquinas de vapor inventadas por genios inigualables, pasa por alto la verdadera raíz de la expansión económica e industrial: la lucrativa contratación militar producto del estado de guerra casi constante del país a lo largo de cien años. La demanda de armas y material bélico que permitió a los ejércitos, armadas, mercenarios, comerciantes, colonos y aventureros británicos conquistar una inmensa porción del globo impulsó a su vez el auge de innumerables industrias asociadas, desde la metalurgia hasta la banca. Este libro pionero traza la vida social y material de las armas británicas a lo largo de un siglo de guerra y violencia casi constantes dentro y fuera del país. Priya Satia ilumina el surgimiento de Gran Bretaña como superpotencia mundial, las raíces del papel del gobierno en el desarrollo económico y los orígenes de los debates de nuestra época sobre el control de armas y la contratación militar.
¿Qué transformaciones ideológicas han tenido lugar desde 1999 hasta nuestros días para que las izquierdas que entonces promovieron los movimientos «antiglobalización» hayan terminado alineándose con el sistema de ideologías del Globalismo oficial? ¿Podemos seguir hablando de izquierdas en sentido político? ¿Por qué el término «izquierdas» está siendo rápidamente sustituido por el sintagma «fuerzas progresistas»? ¿Tiene algo que ver el Globalismo oficial con el comunismo?
Cualquier observador social que haya sido capaz de conservar cierta capacidad crítica se da cuenta enseguida de que los grupos autopercibidos de izquierdas se encuentran actualmente involucrados en los planes y programas ideológico-políticos de ciertas plutocracias políticas y financieras que justifican el orden práctico del imperialismo anglosajón con Estados Unidos a la cabeza. La hipótesis que viene sosteniendo Paloma Hernández en este y otros estudios, es que la conexión entre el globalismo ideológico y la mayoría de los partidos que hoy día que se autoproclaman de izquierdas surge, precisamente, de las «globalizaciones alternativas» impulsadas a raíz de las manifestaciones «antiglobalización», cuyo hito histórico más reseñable fueron las agresivas protestas organizadas en Seattle en 1999, protestas que iban dirigidas, en terminología de estos mismos grupos, contra la «globalización de derechas», la «globalización capitalista», también llamada «globalización turbocapitalista».