Un ensayo apasionante sobre lo cómico en el arte, la literatura y la vida de la mano de una de las pensadoras más influyentes del siglo xx.
La comedia inmortal explora el papel de lo cómico en la sociedad a través de la historia del arte, la literatura y la vida cotidiana. Desde los antiguos griegos hasta la stand-up comedy, Ágnes Heller examina cómo la comedia ha sido utilizada para expresar crítica social, sátira política y reflexionar sobre la condición humana.
Del teatro clásico al cine, de la literatura a la pintura, Heller recorre en este fascinante viaje histórico y filosófico la obra de figuras como Aristófanes, Shakespeare, Charlie Chaplin, Woody Allen o Botero para reivindicar la importancia del humor a la hora de abordar temas como la religión, la política, la guerra o la sexualidad, y cómo precisamente a causa de ello ha sido silenciado y censurado a lo largo de la historia.
La intelectual húngara plantea, de forma radical, la posibilidad de concederle al fin la trascendencia merecida al fenómeno de lo cómico a través de la filosofía. Un referente irreemplazable de las ciencias sociales, Ágnes Heller «elaboró un pensamiento […] a medio camino entre la filosofía y la sociología que logró atravesar fronteras hasta convertirla en una de las pensadoras más influyentes de la segunda mitad del siglo XX» (Guillermo Altares, El País).
Salvaje, voraz y creativa: así fue la vida de la pintora Suzanne Valadon. Hija de una lavandera viuda, hizo y fue de todo antes de dedicarse a la pintura: modista, obrera, florista de una funeraria, camarera, acróbata, modelo… Pero, en aquel Montmartre parisino de finales del siglo XIX e inicios del XX, en un momento en el que las mujeres quedaban relegadas al salón burgués, al claustro conventual, a la máquina proletaria o al lecho prostibulario, Suzanne no se dejó encasillar. Modelo de algunos de los artistas más aclamados de la primera modernidad, como Renoir, Degas o Toulouse-Lautrec (quien la bautizó tal como ahora la conocemos), no tardó en convertirse ella misma en una afamada pintora. Así, entre lienzos, amantes y alcohol, consiguió salir de la extrema miseria en la que había vivido hasta el momento y comenzó a disfrutar del reconocimiento de los exigentes círculos artísticos parisinos y de una notable fortuna que no le preocupó malgastar antes de morir. Entretanto, pintó su vida de colores, se la comió a mordiscos y se la bebió de un tirón.
Desde hace ya varios años, el continente europeo intenta definir un nuevo rumbo para lograr su transición geopolítica y responder a una demanda de modernización de las instituciones cada vez más apremiante y crítica. Entre fracturas internas y recomposiciones externas, el voraz ciclo electoral que inunda nuestras sociedades añade más complejidad si cabe a la cabal comprensión del mundo.