Digámoslo en modo camusiano: el hombre es la fuerza que todo lo crea y la fuente de nuestros valores. Lo que se nos pide es 'ser capaces, como Proust, de ver la realidad con otros ojos que no sean los de las ideas prefijadas'. Creación de sentido y explicación de la realidad. Esta es la tensión de las humanidades, si dejamos que disminuya nos condenamos a la vulgaridad y nos perdemos en la indiferencia, en un momento en que parece que todo es posible y que todo se quema en la pira de la globalización. La cultura no escapa a tres fenómenos capitales: la mercantilización de las relaciones humanas, la mediatización de la sociedad y la individualización -no siempre autonomía- que debilita el vínculo social. En pocas palabras: la dialectica entre poder y libertad es la base sobre la que se articulan la condición humana y, por ende, la convivencia y la dignidad. Vivimos en tiempos nihilistas en que crece la tentación de pensar que no hay límites, que todo es posible.
La primera megafiltración masiva difundió papeles del Pentágono con la novedad del momento: una fotocopiadora. Hoy la tecnología permite publicar miles de archivos para que las audiencias conozcan su contenido sin intermediaciones. La historia de esos hallazgos muestra por qué esta forma de revelar los secretos del poder es, con sus virtudes y defectos, héroes y villanos, una herramienta vital para el acceso a la información y para el futuro de la democracia. El filtrador puede ser un funcionario poderoso, un empresario estafado, un empleado enojado, un espía, un loco, un idealista. La filtración puede llegar en forma de documentos, fotos, videos, audios. Puede ser una cantidad de datos tan grande que se mide en terabytes o una grabación de unos pocos minutos. Lo importante es lo que se revela: corrupción, crímenes de Estado, evasiones millonarias de impuestos, espionaje masivo de ciudadanos o doping. En un mundo en el que casi todo lo que se vende como noticia son declaraciones, propaganda o fake news, las filtraciones -vengan de donde vengan- descubren hechos. Para el autor de este libro, son el último refugio del periodismo. Un periodismo que no se limita a reproducir anuncios y opiniones. Un periodismo que echa luz sobre los manejos más opacos de gobiernos y corporaciones.
Esta obra reúne, por primera vez, Cinco meditaciones sobre la belleza y Cinco meditaciones sobre la muerte, es decir, sobre la vida, dos libros canónicos en el pensamiento del autor francés. El primer volumen constituye un breve pero intenso diálogo entre la estética occidental, fundamentalmente la renacentista, y la estética oriental, en especial la china, que nos adentra en el misterio de la belleza como luz y como espíritu. Es la belleza lo que, en estos tiempos de miserias, de violencia y de catástrofes naturales, se sitúa como oposición al mal, en el otro extremo de una realidad a la que debemos hacer frente. Por su parte, en el segundo volumen el autor indaga en la dualidad que integran la muerte y la vida para mostrarnos un «doble reino de la vida y de la muerte»; en él, la primera, elevada a su más alta dimensión, supera y engloba a la segunda. Así, François Cheng no pretende en esta obra darnos un «mensaje» sobre la vida después de la muerte ni elaborar un discurso dogmático, sino ofrecer su testimonio de una visión de la «vida abierta».