¿Cómo pudieron conciliar los cristianos la idea de un dios bueno con la presencia del mal en el mundo?
Inspirado por los gnósticos, Cioran dedicó en este libro páginas magistrales a esta cuestión, así como al conflicto entre politeísmo y monoteísmo, cuyas repercusiones filosóficas y políticas siguen vigentes. También nos brinda inolvidables reflexiones sobre el suicidio y aprovecha una visita a un museo paleontológico para meditar sobre la banalidad de la existencia.
Irónicos y precisos, estos textos exponen el talento de Cioran en toda su adictiva complejidad.
David Graeber conversa con Mehdi Belhaj Kacem, Nika Dubrovsky y Assia Turquier-Zauberman para explorar la anarquía no como ideología cerrada, sino como práctica viva. El resultado es un libro que piensa en voz alta, que revela la anarquía como una ética del cuidado, una política de lo común y un ejercicio radical de imaginación.
A través de discusiones sobre filosofía, historia, economía, feminismo, religión y arte, Graeber desmonta lugares comunes: la democracia como fachada, el Estado como ficción necesaria, el trabajo como mito teológico, la libertad como un juego en permanente negociación.
La anarquía no es dogma, es experiencia. De hecho, es la forma más humana de política: un proceso abierto en el que la creatividad sustituye a la obediencia y lo impensable deja de serlo en cuanto se pone en práctica.
«Es imprescindible recuperar la voluntad de acuerdo. Sin un gran compromiso político nacional será imposible cualquier reformismo capaz de afrontar los enormes desafíos de nuestro tiempo».
A caballo entre las memorias, el ensayo y el manifiesto, Nicolás Redondo Terreros, una de las voces más autorizadas y coherentes de nuestro país, hace un llamamiento a la cordura, un elogio de la España constitucional y una advertencia frente al embudo de crispación y sectarismo en el que parece precipitarse la política española.
En su análisis del poderoso auge del nacionalismo y el populismo, que afecta a las democracias representativas en todo el mundo, constata un giro determinante: el PSOE, el único partido de la Transición que sigue en pie, protagonista de los años más constructivos de nuestra historia, hoy se encuentra reducido al cálculo electoral, sujeto a proyectos políticos identitarios e incapaz de proponer proyectos políticos integradores respaldados por la mayoría ciudadana.