El 27 de agosto de 1950, el escritor piamontés Cesare Pavese se suicidó en la habitación número 49 del Hotel Roma, en Turín. Dejó una nota de disculpa, algunos poemas y un diario: El oficio de vivir. Pierre Adrian, mientras recorre con su pareja algunos lugares favoritos de Pavese, profundiza en el último verano de un escritor perseguido por la idea del suicidio. Y en toda la biografía de Pavese, en sus libros y lecturas, en sus ideas y sus amistades, Adrian ha buscado algo que nos ayude, pese a todo, a la dolorosa tarea de vivir. Pavese aparece así, a lo largo de estas páginas, como un compañero de viaje taciturno y sincero.
Una carta de amor a una forma de vida cada vez más cuestionada
Somos más liberales de lo que pensamos. En nuestras costumbres y valores aún pervive esa tradición que John Rawls definió como «un sistema equitativo de cooperación». Aunque lo ignoremos, el liberalismo está en la raíz de nuestras vidas y en el modo en que actuamos en sociedad y en la arena política. Pero ¿por cuánto tiempo?
Alexandre Lefebvre, profesor de Política y Filosofía, asume que los valores que han conformado Occidente están hoy amenazados: «Una masa crítica de ciudadanos de las democracias liberales ha dejado de creer en el liberalismo». Sin embargo, la liberal sigue siendo una buena idea, la mejor, y es necesario redescubrirla para poder defenderla.
Liberalismo como forma de vida es un puente hacia una visión del mundo abierta y digna, al alcance de todos. En este libro, Lefebvre define lo que entiende por liberalismo, identifica sus principios e ideales, señala de qué manera moldean nuestra autoconcepción, explica cómo podemos cultivar esos compromisos y sugiere por qué es una buena idea.
Porque la mejor garantía de una vida plena es volver a llenar de contenido la tradición que nos llevó a convertirnos en la sociedad más tolerante y pujante de la historia.
Este libro reúne una serie de ensayos breves, reseñas de libros, cuentos, parábolas e incluso programas de radio para niños y nos ofrece una nueva apreciación de cómo el pensamiento de Benjamin fue cambiando y madurando con el tiempo, a la vez que incluye varias de sus lecturas claves: textos de sus contemporáneos Ernst Bloch y Georg Lukács, de Paul Valéry, y de Heródoto y Montaigne.