Un inspirador testimonio sobre las lecciones que nos han dejado los griegos sobre el arte de correr.
¿Por qué corremos? Todo el esfuerzo y el dolor, ¿con qué fin? ¿A qué obedece este amor por la tonificación muscular, la velocidad y el sudor? Los deportistas de la Grecia clásica fueron los primeros en plantearse estas preguntas, los primeros en suspender la guerra, el trabajo o la política para disfrutar de celebraciones públicas de las proezas atléticas, como en los célebres Juegos Olímpicos. Inventaron el deporte y también fueron los primeros en comprender cómo la actividad física se relaciona con nuestro bienestar mental.
Después de toda una vida entre libros y gramáticas, tratando de ver el mundo como un instruido griego de la antigüedad, Andrea Marcolongo empezó a entrenar y se propuso aprender a correr como ellos. Lo hizo acompañada por el primer manual deportivo de la historia, De arte gymnastica, de Filostrato, y motivada por un loco propósito final: correr un maratón. Mejor dicho, correr los 41,8 kilómetros que separan Maratón de Atenas, como hizo el soldado Filípides hace dos mil quinientos años, antes de caer al suelo extenuado. En el proceso, Marcolongo profundizó en su comprensión de la antigua civilización a la que ha dedicado décadas de estudio y descubrió más sobre sí misma de lo que jamás hubiera soñado.
¿Qué pasaría si nuestra supuesta superioridad intelectual fuera, en realidad, nuestro mayor defecto? En este fascinante recorrido por las mentes del reino animal, Justin Gregg nos invita a cuestionar las certezas que tenemos sobre nuestra propia inteligencia, que quizá no sea el pináculo de la evolución que solemos creer. Con una mezcla perfecta de rigor científico, reflexión filosófica y humor mordaz, a través de capítulos que exploran la verdad y la mentira, la moralidad, la conciencia de la muerte y la miopía pronóstica que nos ha sumido en la actual crisis climática, estas páginas nos demuestran que quizás seríamos más felices si, como un narval, viviéramos sin angustias existenciales ni preocupaciones por el sentido de la vida. Al fin y al cabo, ¿de qué nos sirve ser tan listos si eso nos impide disfrutar del presente o evitar la destrucción de nuestro planeta?
Un recorrido por la Italia del siglo XVIII de la mano de uno de los grandes clásicos
de nuestra literatura.
En 1793 Leandro Fernández de Moratín viaja a Italia en una precipitada huida tras haber presenciado el asalto a las Tullerías de París. En una época en la que el viaje se consideraba una práctica formativa, el autor y dramaturgo español inicia un apasionante recorrido por el país transalpino que durará tres años, y que lo llevará a visitar las ciudades más insospechadas, a conocer a personajes extravagantes, e incluso a transitar por los pintorescos paisajes de Gran Bretaña, Bélgica, Alemania y Suiza.
En Viaje a Italia, Moratín recoge su experiencia en una tierra fragmentada en regímenes políticos, y se presenta como un viajero culto, pero a la vez dispuesto a entregarse a todo tipo de aventuras. Así entrelaza con agudo sentido del humor las glorias del Renacimiento y de la antigua Roma, pero también las desventuras de aristócratas insensatos, de grandes damas prostituidas, de generales sin ejército y de clérigos bribones.