Toda persona inquieta por conocer mejor el modo en que nos relacionamos con los demás. Todos aquellos profesionales a los que las herramientas de que disponen les resultan insuficientes para afrontar adecuadamente los conflictos. Todos los mediadores y especialistas, encontrarán aquí nuevas herramientas que les van a permitir adentrarse aún más en la comprensión de nuestros conflictos con los otros. Josep Redorta lleva más de una década volcado en la investigación de una metodología útil para el análisis del conflicto. Fiel reflejo de esa dedicación es esta obra que nos trae nuevos elementos, como la posible aplicación de la Inteligencia Artificial en la gestión de conflictos, el rol de la neurobiología o la metodología del análisis de los patrones reiterativos. Y lo hace combinando teoría y práctica, con numerosos ejemplos y un lenguaje accesible. No hay tarea más urgente en la sociedad actual que la necesidad de aplicar recursos para resolver problemas cada vez más multidisciplinares. En un mundo cambiante a velocidad de vértigo, precisamos de nuevas formas de pensar. Estamos ante un libro de lectura, de aplicación y de estudio, que tiende a abrir nuevas fronteras en el difícil campo de las relaciones humanas, en el que es imprescindible profundizar para conseguir interacciones sociales sanas. No debemos olvidar que nuestra paz, tranquilidad y felicidad depende, en definitiva, de cómo sepamos gestionar nuestros conflictos.
En los años veinte, la comunidad india de los Osage en Oklahoma era la población de mayor renta per cápita del mundo. El petróleo que yacía bajo sus propiedades les convirtió en millonarios: construyeron mansiones, tenían chóferes privados y mandaban a sus hijos a estudiar a Europa. Pero un espiral de violencia asoló esta comunidad indígena cuando sus miembros empezaron a morir y a desaparecer en extrañas circunstancias. La familia de una mujer Osage, Mollie Burkhart, se convirtió en un objetivo principal. Sus tres hermanas fueron asesinadas. Una fue envenenada, otra murió a tiros y la tercera falleció en una explosión. Otros miembros de la los Osage morían en circunstancias misteriosas, y muchos de los que se atrevieron a investigar los crímenes fueron también asesinados. Cuando el número de muertos alcanzó los veinticuatro, el recién inaugurado FBI decidió intervenir y fue uno de sus primeros grandes casos de homicidio. Después de que la investigación resultara un desastre, el joven director J. Edgar Hoover acudió al antiguo comandante de Texas, Tom White, para que desvelase el misterio. White estableció un equipo infiltrado, incluyendo a un agente nativo en el grupo.