Solo con el compromiso se combate la actual cultura de la indecisión, que nos paraliza en un modo de navegación infinita.
El compromiso decidido y cívico puede ser una fuerza poderosa en la era actual de la inquietud y la indecisión.
Muchos hemos tenido la experiencia de navegar por Internet sin ver finalmente nada, hemos perdido el tiempo entre una avalancha de opciones en redes sociales, hasta quedar empachados.
Este libro, que nace de un discurso de graduación que se hizo viral, denuncia el empeño actual de muchos en mantener abiertas todas las opciones. Quedamos así atascados en el modo de navegación infinita, sin comprometernos con una sola pareja, saltando de un lugar a otro en busca de la luz que más brilla y negándonos a tomar cualquier decisión que cierre nuevas opciones.
Esta cultura de la inquietud y la indecisión origina tensión y parálisis, y se combate mediante el compromiso.
'Cuando en el marco de la Ciencia del Derecho nos ocupemos de los fenómenos revolucionarios, será necesario, primeramente, una comprensión del objeto de la investigación y de nuestra formulación del problema. Por lo que se refiere al concepto de Revolución podemos acoger, desde luego, el uso dominante del lenguaje, según el cual puede determinarse aquélla como la modificación violenta de los fundamentos jurídicos de un Estado. Sin embargo, es preciso reflexionar, en este momento, acerca de la esencia y misión de la Ciencia del Derecho. Al conocimiento teórico del Derecho y a la teoría normativa de la aplicación del mismo, se agrega en estas páginas una tercera forma de consideración, también de naturaleza normativa, la cual, sin embargo, no se dirige, con sus principios del deber ser, al Juez o al súbdito, sino que plantea el problema del valor del Derecho, o de una determinada regulación jurídica y deriva de su solución los principios del deber ser, generalmente aplicados por el legislador. A esta forma de consideración solemos calificarla como Política del Derecho'. Heinrich Herrfahrdt
«Con el estado de ánimo de quien reconoce que la vida ha sido amable con uno y sabiendo que sería un desagradecido si no reconociera que, hasta ahora, los momentos placenteros han superado con creces a aquellos otros dominados por la amargura y la desesperación, me encuentro, con noventa años a las espaldas y en un siglo distinto a aquel en que nací, en condiciones de reflexionar sobre la persistencia de ciertas imágenes en la retina. Esas imágenes me han acompañado para recordarme que sí hay una respuesta a las grandes preguntas:¿De dónde vienes y adónde vas? Vengo de allí, de la guerra. Voy allá, hacia la muerte, y, entre medias, la vida de cada día».