¿Qué tiene que ver la literatura con los principios de la termodinámica y el concepto de entropía planteados por Rudolf Clausius en 1865?
La concepción y el estudio de la literatura suelen remitir a un sistema cerrado y estable. Eso era comprensible en el siglo XIX, pero ya no. Hoy, el estudio de la literatura entendido como exégesis textual y vidas de santos no sirve para explicar cómo y por qué sigue siendo una actividad social y cultural significativa.
Literatura, lengua y lugar se pregunta, aplicando los principios de la termodinámica, qué pasa en la confluencia de estos tres elementos en un mundo acelerado y cambiante.
Un libro inspirador de una de las figuras más emblemáticas de la política contemporánea.
«Hace algunos años, cuando Mujica fue electo presidente de Uruguay, el mundo descubrió a un político distinto. Vivía con muy poco, decía lo que pensaba y se expresaba más como un filósofo que como un ex guerrillero reconvertido en político.
Desde muy joven se involucró intensamente en el activismo de un partido tradicional, vivió la década de los años sesenta desde la trinchera revolucionaria, pasó los setenta en la más oscura de las catacumbas de la dictadura y en los noventa participó en el crecimiento y triunfo de las izquierdas hasta llegar a ser presidente de su país.
Mujica ha culminado su gobierno con altos índices de popularidad, resultados económicos y sociales elogiados en todo el mundo y medidas puntuales que pasarán a la historia. Lo ha hecho conjugando dos realidades antitéticas: una concepción ideológica y un estilo de vida anarquista, con el cargo de presidente, que concentra el mayor poder del estado.» - Allan Percy
Seamos niños o adultos, constantemente se nos pide que obedezcamos. Pero ¿para qué, con qué objeto? ¿Cuándo obedecer nos salva y cuándo nos atrapa? ¿Cuándo nos protege de lo peor ... o nos priva de lo mejor? ¿Nos da espacio o nos inmoviliza? ¿Cómo se produce el deslizamiento entre el hecho de estar obligados a obedecer ( en espacios abiertamente disciplinarios) y el de ser libres para obedecer ( en los espacios ''normales'' del comercio y de la comunicación)? Este texto luminoso nos ofrece algunas respuestas.
Pocos días antes de los ataques que Hamás llevó a cabo en la Franja de Gaza el 7 de octubre de 2023, Isabella Hammad pronunciaba en la Universidad de Columbia una conferencia en memoria de Edward W. Said en la que exponía con toda su crudeza el conflicto palestino-israelí y daba voz a la lucha palestina por la libertad.
En un texto lleno de claridad moral y brillantez intelectual, Hammad nos lleva de la anagnórisis de Aristóteles, el procedimiento por el que dos personajes se reconocen, a la epifanía de James Joyce, que interpreta como toma de conciencia, para concluir con una coda emocionada y combativa sobre un conflicto que sigue sembrando la destrucción.
Un libro imprescindible para cuestionar la verdad oficial y buenista que propone la Agenda 2030.
En septiembre de 2015, más de ciento cincuenta jefes de Estado y de Gobierno se reunieron en la histórica Cumbre del Desarrollo Sostenible para aprobar la Agenda 2030, que consta de diecisiete objetivos de aplicación universal cuyo fin es lograr un mundo sostenible en 2030. Ahora bien, ¿esto es así? ¿Es verdad lo que nos han contado los medios? ¿Se oculta algo extraño tras este buenismo que piensa en el bienestar de la humanidad y en conseguir un mundo más igualitario y saludable? ¿Quién está realmente detrás de esta Agenda, y qué intereses espurios tiene?
Cristina Martín defiende en este libro que la Agenda 2030 es una mera campaña propagandística universal dirigida a sugestionar a todas las personas del planeta y a perseguir a la gente que se rebela contra el statu quo establecido. Si bien los principios en los que se basa la Agenda son lícitos y razonables, esta obra diferencia claramente el mensaje de la intención que oculta. Para la autora lo que nos cuentan sobre la Agenda es pura propaganda, una campaña de comunicación internacional cuyo fin es vendernos un futuro mejor para todos. Sin embargo, su verdadero sentido es que ese «futuro mejor» solo lo será para unos pocos: la élite que financia la Agenda y la alienta con mentiras.