Cómo una idea de hace siglos controla y monetiza casi todos los aspectos de la vida moderna.
El copyright está en todas partes y es la base de nuestro sistema económico. Desde la canción que tarareamos por la mañana hasta las aplicaciones del móvil, prácticamente todo lo que configura nuestra vida cotidiana está sujeto a la propiedad intelectual. Pero para entender su irrupción hay que viajar hasta inicios del siglo XVIII, cuando los derechos de una obra literaria eran del impresor y no de su autor. La historia de una idea que revolucionó el mundo y que hoy, en manos de las grandes corporaciones, se ha convertido en otro elemento más para la especulación.
Como su título sugiere, este libro propone un paseo, descansado y reparador, como solo pueden serlo los buenos paseos, por los conceptos e ideas clave del fértil territorio que nos abre la neuroeducación: ha sido escrito con el afán de exponer, de una forma completa y accesible, ese nuevo mundo de conocimientos ya esbozado en los otros tres libros anteriores que Francisco Mora ha dedicado a la temática, de los que constituye una continuación natural.
Se trata, a fin de cuentas, de un intento de ofrecer unas pinceladas, mediante un lenguaje asequible, de ese largo proceso evolutivo que ha llevado a la comunicación de los seres vivos y que culmina con el ser humano actual. Por lo que en estas páginas, en esencia, se habla de los orígenes y la evolución del lenguaje, de la escritura, de la lectura y también de la creatividad, teniendo siempre en cuenta la perspectiva de la enseñanza: de los docentes, profesores y maestros, pero también de sus alumnos y alumnas, verdaderos protagonistas de esta historia.
A lo largo de últimas décadas, la producción y el consumo de plástico han aumentado de una manera imparable, y esta situación se ha visto agravada a causa de la pandemia mundial de covid-19. En la actualidad, las toneladas de envases y bolsas realizados con plásticos de un solo uso acumuladas en los vertederos es tan elevada que supone un problema medioambiental inmanejable. Hay plásticos que no se pueden reutilizar y solo disolviendo su estructura, a través de calor y abrasión, es posible reciclar sus componentes; pero este proceso tiene grandes riesgos para la salud debido a la emisión de micropartículas que terminan en el aire que respiramos. Esto lo saben las empresas que producen plástico y las distribuidoras que lo utilizan, pero no parece importarles. Mediante campañas de desinformación tejidas de manera irresponsable por dichas empresas y sus lobbies pertinaces, el plástico se ha introducido progresivamente en la economía productiva.