Durante gran parte de la historia, las sociedades han oprimido violentamente a las minorías étnicas, religiosas y sexuales. No es de extrañar que aquellos que abogan por la justicia social llegaran a pensar que los miembros de los grupos marginados necesitan sentirse orgullosos de su propia identidad para poder hacer frente a la injusticia.
Pero, en las últimas décadas, lo que empezó como un sano aprecio por la cultura y el patrimonio de los grupos minoritarios se ha transformado en una contraproducente obsesión por la identidad grupal en todas sus formas. En poco tiempo ha surgido una nueva ideología que reprime el discurso, denigra la influencia mutua como apropiación cultural, niega que los miembros de grupos distintos puedan llegar a entenderse de veras, e insiste en que la forma en que los gobiernos tratan a sus ciudadanos ha de depender del color de su piel.
Hace más de dos décadas, Arthur C. Danto anunció que la llegada del fin del arte se había dado en los años sesenta; y fue precisamente tras esa declaración cuando se situó a la vanguardia en la crítica radical de la naturaleza del arte en nuestro tiempo. Esta obra presenta la primera reformulación a gran escala de esta original percepción y muestra cómo, tras el eclipse del expresionismo abstracto, el arte se ha desviado irrevocablemente del curso narrativo que Vasari definió para él en el Renacimiento.
Considerada una obra maestra de la historia militar, El día más largo es el insuperable relato de Cornelius Ryan sobre el Día D que recrea las fatídicas horas que precedieron y siguieron al desembarco de Normandía. Publicada por primera vez en 1959, narra con minucioso detalle los años de planificación que llevaron a la invasión, su desenlace épico y cada golpe de suerte y acto de heroísmo que marcarían la decisiva batalla que libró Europa de las garras del fascismo.