Palestina es un microcosmos del mundo: miserable, furiosa, tensa y fragmentada. En llamas. Obstinada. Digna. Mientras el estado colonial de Israel continúa infligiendo una violencia devastadora, las verdades esenciales se ocultan de forma deliberada: se mima a los perpetradores, mientras que a las víctimas se las culpa y se las lleva a juicio. El mundo sigue siendo testigo a través de las pantallas; miembros rotos, hogares y futuros destrozados impregnan los sueños. ¿Por qué deben los palestinos demostrar su humanidad? ¿Cuáles son las implicaciones de una tarea tan exasperante como imposible?
¿Cómo se relacionan los países? ¿Qué estrategias de poder utilizan? En esta nueva edición actualizada e ilustrada de Así se domina el mundo, el coronel Pedro Baños nos adentra en las incógnitas de estos juegos de dominio entre países y nos desvela las claves y trucos del poder mundial, que son ni más ni menos que unas eficaces reglas universales para conseguir nuestros objetivos manipulando al adversario. Una forma inmejorable de adentrarse en los entresijos de la geopolítica ideal también para aquellos lectores que quieran iniciarse en esta disciplina.
La historia real sobre la odisea que vivieron tres mujeres para salvar los diarios de un fascista italiano de la Gestapo.
En 1944 se hicieron públicos los diarios secretos de Galeazzo Ciano, ministro de Relaciones Exteriores de Italia, en los que registraba los crímenes y planes nazis de los que se enteraba en sus reuniones con ellos. Sin embargo, poco se sabe sobre las tres mujeres que arriesgaron sus vidas para que estos llegaran a los Aliados, quienes luego los usarían como evidencia contra los nazis en los juicios de Núremberg.
Cuando Galeazzo fue apresado, Edda Mussolini les dio a Hitler y a su padre un ultimátum: liberar a su esposo o correr el riesgo de que filtrara los diarios a la prensa. Hitler y Mussolini los buscaron en vano durante meses.
Posteriormente, Hilde Beetz, espía alemana cuya misión era seducir a Galeazzo para encontrar sus escritos, se enamoró de él y unió fuerzas con Edda. Una tercera mujer se sumó a este increíble plan —Frances de Chollet, espía casi accidental y esposa de un banquero estadounidense- cuando Edda huyó a Suiza con la ayuda de Hilde, tras la ejecución de Galeazzo. Frances fue el último eslabón para hacer llegar los diarios a los estadounidenses y cumplir así el deseo de Galeazzo.