«Recorrió con el empeño y la pasión del hombre dedicado a un ideal el laberinto de la política española del primer tercio de siglo. […] Y en ese recorrido atravesó su propio laberinto de propósitos, contradicciones y desvelos».
Antonio Maura, político conservador, apasionado y controvertido, fue uno de los más relevantes estadistas españoles y una figura absolutamente crucial para entender la España del primer tercio del siglo xx. La presente obra ofrece un análisis penetrante de su vida, su pensamiento y su acción política y gubernamental.
Al hilo de su biografía, se desgranan reflexiones en torno a la democracia y las virtualidades y limitaciones del reformismo conservador, pero también respecto al polémico papel jugado por Alfonso XIII o los militares, las presiones impuestas al sistema parlamentario por revolucionarios o integristas, la corrupción y los lobbies, el auge del catalanismo o el poder de ciertas campañas de prensa. En nuestros días podemos reconocer los ecos ancestrales y aún vívidos de muchos de estos aspectos.
¿Cómo pudieron los nazis cometer los crímenes que cometieron? ¿Por qué los comandantes de los campos de concentración y exterminio supervisaron de buen grado —a menudo con entusiasmo— los asesinatos en masa? ¿Cómo pudieron los alemanes de a pie tolerar la eliminación de los judíos?
Durante la Revolución francesa las ideas sobre la naturaleza (la naturaleza humana, el mundo natural y la relación entre ambos) estuvieron en el centro de feroces debates y acontecimientos políticos clave. En este contexto, Napoleón se erigió como un autoproclamado mecenas de las ciencias y el progreso, poniendo fin a la Revolución y vendando sus heridas. Sin embargo, su gobierno desató una era de destrucción y guerra, que causó millones de muertos en toda Europa.
Esta biografía de Napoleón es un revelador retrato para los lectores de nuestro tiempo, donde no solo vemos al Napoleón de la política del poder o las batallas épicas, sino también al amante de la naturaleza y los jardines que dieron luz y sombra a su vida revolucionaria.
Los jardines de Napoleón van desde los olivares de su infancia en Córcega hasta los jardines y las casas de fieras de Josephine en París, los jardines de El Cairo, Roma y Elba, el jardín amurallado de Hougoumont en la batalla de Waterloo y, en última instancia, el último jardín de Napoleón en Santa Elena. Allí los trabajadores chinos le construyeron una casa de verano donde podía sentarse y observar el mar en sus últimos meses.