La sexualidad no solo se ha convertido en un campo esencial de la historia, también se ha apoderado del léxico político: igualdad, dominación, discriminación, libertad, liberación, revolución, etc. En línea con la obra de Michel Foucault, se presenta como un hecho eminentemente cultural, sensible a las transformaciones económicas, religiosas y científicas, y que estructura los marcos mentales y alimenta la imaginación de las diferentes sociedades. Esta accesible, amplia y original reflexión sobre la historia de las sexualidades, apoyada en una vasta y actualizada investigación documental, ofrece un recorrido -desde la Antigüedad clásica hasta nuestros días- por las principales etapas y desarrollos de las normas y las mentalidades, abordando aspectos concretos como la edad, el género, la orientación sexual, así como la legitimidad de las parejas y el contexto general, entre otros factores.
Frente a la creencia generalizada de que la violencia organizada experimenta un declive continuo a lo largo de la historia, este libro ofrece un análisis sociológico en profundidad que revela que, en realidad, va en aumento. Malesevic demuestra que la violencia está determinada por la capacidad organizativa, la penetración ideológica y la microsolidaridad, más que por las tendencias biológicas, lo que significa que, a pesar de que las sociedades premodernas están expuestas a espectáculos de crueldad y tortura, no cuentan con los medios organizativos necesarios para matar sistemáticamente a millones de personas.
La historia de cómo las prácticas habituales de violencia de los imperios europeos redefinieron los contornos del mundo.
"A la rapiña, el asesinato y el robo los llaman con nombre falso gobernar, y donde crean un desierto, lo llaman paz", Tácito puso estas palabras en boca de quien defendía sus tierras ante las legiones romanas. A partir del siglo XV, los imperios europeos llevaron estas antiguas prácticas a una escala nunca vista, cimentando sus conquistas en saqueos, esclavitud y pillaje generalizados. Autoafirmándose en un derecho al uso de la fuerza unilateral, estos imperios consiguieron acumular a través de los años un poder global. En un relato que abarca desde Asia hasta América, Lauren Benton muestra cómo la violencia ejercida por los imperios definió la naturaleza misma de la guerra y la paz. Los constantes enfrentamientos y las intervenciones armadas instauraron un estado de guerra de facto perpetua en todo el mundo. Estas disputas intermitentes desencadenaron atrocidades, desde masacres repentinas hasta largas campañas de despojo y exterminio.