En el mundo occidental, la primera figura que encarna el arqueVpo del mediador sapiencial entre la comunidad humana y lo divino es Pitágoras de Samos. Las implicaciones de sus doctrinas en la historia de las ideas son enormes, pues sus invenciones abarcan todos los campos del saber: matemáVcas, astronomía, filosoca, retórica, políVca, adivinación, medicina y religión. Nada escapa a este sabio griego, al que se atribuyen un famoso teorema matemáVco, las escalas musicales y la noción de la inmortalidad del alma.
Hoy en día debería estar claro que, frente a la desinformación y los desastres, no podemos forjar un futuro mejor solo a base de respuestas sensacionalistas y polémicas, trucos cotidianos o memes. Pero ¿cómo responder entonces a los desafíos actuales? En Cómo pensar como un filósofo, Julian Baggini recurre al estudio de la razón misma en busca de soluciones prácticas para esta pregunta basándose en las enseñanzas de nuestros más eminentes filósofos pasados y presentes.
Baggini ofrece doce principios clave para una aproximación más compasiva, equilibrada y racional al pensamiento: presta atención; cuestiónatelo todo (incluidas tus preguntas); cuida tus pasos; sigue los hechos; cuida tu lenguaje; sé ecléctico; sé psicólogo; reconoce lo que importa; pierde tu ego; piensa por ti mismo, no en solitario; conecta y no te rindas. Cada capítulo está repleto de ejemplos del mundo real que muestran estos principios en acción (desde el descubrimiento de la penicilina hasta la lucha por los derechos de las personas transgénero) y cómo conducen a conclusiones más meditadas.
Más que un libro de consejos prácticos (o formas de ser insufriblemente ingenioso en las fiestas), Cómo pensar como un filósofo es una invitación a desarrollar los hábitos del buen pensar que nuestro mundo necesita con urgencia.
El análisis más completo sobre cómo surgen los sistemas autoritarios y la fragilidad de las democracias actuales.
Los mayores expertos en teoría política y democracia llevan décadas analizando por qué las dictaduras nacidas de revoluciones sociales —China, Cuba, Irán, la URSS o Vietnam— logran mantenerse pese a crisis, fracasos y descontento masivo. Levitsky y Way explican cómo estos regímenes, inicialmente frágiles, consolidan élites cohesionadas y un férreo aparato de poder, desafiando actores internos y externos. Además, examinan revoluciones fallidas y las lecciones que su investigación aporta a un mundo marcado por nuevos radicalismos y la fragilidad democrática.