Estamos ante la idea de un principio que es el origen de todas las cosas, tanto en sus manifestaciones físicas como en sus aspectos abstractos, y al que todo debe retornar. El Tao es la energía fundamental que sostiene al universo y su movimiento. Una fuente cósmica primigenia de la que surge la creación. Es el camino por antonomasia, anterior a todo lo demás. Es uno de los fundamentos de la doctrina iniciática del taoísmo filosófico, con un papel relevante en la religión china, en el budismo y el neoconfucionismo. Es abstracto, amorfo, inaudible, intangible e inasible. Del Tao surge todo lo demás y por tanto es la esencia de todo lo existente. Una fuente de inspiración permanente para el hombre a lo largo de generaciones, que se expande más allá de las fronteras del Lejano Oriente y que aún perdura y tiene vigencia y gran influencia en nuestros días.
Un ensayo agudo y cuestionador, que revela los intereses tras el término «cultura de la cancelación» y revisa los criterios con los que evaluamos el arte hoy.
¿Existe de verdad una «cultura de la cancelación» censora y puritana, que limite la libertad de los artistas? O, más bien, «¿por qué la llaman “cancelación” cuando quieren decir crítica?». Eso se pregunta Gonzalo Torné en un artículo que recibirá una respuesta inesperada: la de Clara Montsalvatges, uno de los personajes de sus novelas. Entre los dos, dibujan aquí el retrato de un escenario en el que las «audiencias emancipadas» plantean nuevas exigencias a los creadores, y se preguntan por las responsabilidades de una representación artística comprometida con la captura de la complejidad.