En contadas ocasiones, la historia de una vida es también la historia de una época. Tras jugar un papel importante como comunista bajo el régimen autoritario de Pilsudski, haber ido a la guerra, y haber conocido las cárceles y los gulags de la Unión Soviética, Aleksander Wat logra regresar vivo a su Polonia natal en 1947 para emigrar a Francia en 1958, ya muy enfermo, hastiado del clima asfixiante y opresivo de la falta de libertad. Pero su enfermedad le impedía escribir. Será Czes_aw Mi_osz, conocedor extraordinario de su historia, quien le proponga llevar a cabo una serie de entrevistas que posteriormente transcribiría y que conformarán un libro de memorias fundamental del convulso siglo xx.
Schopenhauer es sin duda uno de los pensadores más leídos de la modernidad. Consciente desde muy temprana edad de su genio y convencido de que la vida «es una cosa miserable», dedicó la suya a preguntarse por el sentido de la existencia y a pensar en el mejor modo de evitar el sufrimiento. A los treinta años expuso su sistema metafísico en un libro extraordinario, El mundo como voluntad y representación, pese a lo cual el medio académico y el público culto de su época lo ignoraron durante décadas, mientras Fichte, Hegel o Schelling se consagraban. La obra magna del filósofo pesimista tardó mucho tiempo en ser reconocida, pero cuando lo fue, al final de su vida, cosechó un éxito imperecedero. Contemporáneo de Goethe y Napoleón, Schopenhauer viajó por Europa, se sintió cosmopolita desde joven y aprendió a pensar desde la experiencia. Moreno Claros, con profundo conocimiento y comprensión de la vida y la obra del filósofo, nos ofrece una semblanza instructiva y amena de las complejidades de un pensador que ha fascinado a autores tan diversos como Nietzsche, Tolstói, Proust, Mann, Zweig, Wittgenstein o Borges.
La vida de Pedro Salinas, como acertadamente indica la profesora Escartín Gual, sugiere una vida de novela más que la de un hombre de letras. Aventajado profesor y catedrático en varias universidades europeas y americanas, su obra excede a cualquier encasillamiento académico, pues cultivó todos los géneros literarios posibles: prosa narrativa, teatro y crítica filológica de la mejor, más clarividente e integradora de campos, épocas y autores literarios. Pero, sobre todo, fue un extraordinario poeta que ha legado a la historia de la literatura española la trilogía amorosa más importante del siglo XX. Antes de salir de España para cumplir su contrato en la universidad norteamericana de Wellesley ejerció como investigador en el Centro de Estudios Histórico dirigido por Ramón Menéndez Pidal y colaboró con el entonces ministro, Fernando de los Ríos, en la fundación de la Universidad Internacional de Santander, de la que asimismo fue su primer secretario. Una vez fuera de su país se vio obligado a permanecer en Estados Unidos hasta su muerte, con el paréntesis de los tres años de profesor visitante en la Universidad de Puerto Rico.