Hija de un sacerdote budista, Tsuneno nació en una aldea rural japonesa y se esperaba que llevara una vida tradicional, muy parecida a la de su madre. Pero tras tres divorcios, y saltándose todas las leyes de la época que prohibían a los campesinos abandonar el campo, huyó para labrarse un futuro en la ciudad más grande del mundo: Edo (actual Tokio), una metrópolis con un millón de habitantes donde los ciudadanos mantenían un combate cultural diario contra la casta samurái. Con Tsuneno como guía, vivimos el drama y la efervescencia de Edo justo antes de la llegada de la flota estadounidense, que transformó Japón. Durante este momento crucial de la historia japonesa, Tsuneno pasó de una vivienda humilde a otra, se casó con un samurái sin amo y, finalmente, entró al servicio de un famoso magistrado de la ciudad. La vida de Tsuneno nos ofrece una perspectiva de la cultura japonesa del siglo XIX y una visión excepcional de una mujer extraordinaria que sacrificó a su familia y su reputación para forjarse una nueva vida, desafiando las convenciones sociales.
Una obra que invita a repensar la historia, el futuro y la propia idea de humanidad.
Durante siglos, en nombre del progreso hemos arrasado ciudades, allanado montañas y cartografiado el planeta. Hemos creído que avanzar significaba dominar la naturaleza, aumentar la producción, conquistar nuevos territorios y acumular conocimiento. Sin embargo, esa narrativa de mejora infinita ha sido también la más destructiva: ha justificado genocidios, esclavitudes, conquistas y ecocidios. La fe casi religiosa en el progreso ha puesto en peligro la continuidad de nuestra civilización.
¿Qué lugar ocupan la vergüenza, el miedo, la compasión, la confianza o la autoestima en la formación de la personalidad moral? ¿Nos gobiernan las emociones? ¿Son positivas para el discurso político? ¿Sería ética una soberanía del sentimiento? Victoria Camps lleva a cabo un estudio de las emociones para descubrirnos que los afectos no son contrarios a la racionalidad, sino que, por el contrario, solo desde ellos se explica la motivación para actuar racionalmente. Solo un conocimiento que armonice razón y sentimiento incita a asumir responsabilidades morales. Gobernar las emociones es adquirir madurez moral.