UN VIVO FRESCO HISTÓRICO SOBRE LA VIDA DE LOS CIUDADANOS DE UN IMPERIO.
A principios del siglo II d. C., Roma era el centro del mundo occidental. Allí eran evidentes el esplendor, el lujo y la belleza, pero también los aspectos más desagradables de la vida en una gran urbe. En esta gran obra, que marcó un antes y un después en los estudios latinistas, Jérôme Carcopino consigue trasladarnos a la Ciudad Eterna para vivir una jornada habitual y conocer, por un lado, a sus gentes, sus olores, sus sonidos y sus espacios familiares; y, por otro, su empleo del tiempo, tanto funcional como de ocio.
Para esta lúcida y apasionada reconstrucción de un momento histórico, Carcopino se apoya en autores clásicos de la época, como Petronio, Juvenal, Marcial o Plinio el Joven, además de infinidad de inscripciones arqueológicas y textos de todo tipo escritos entre los siglos I y II. El resultado es uno de los retratos más realistas que se han hecho de Roma.
Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Jan Zwartendijk, cónsul holandés en Kaunas, Lituania, encontró una forma de salvar la vida de miles de refugiados judíos que habían huido de Polonia: les tramitó visados para viajar a la colonia holandesa de Curazao. De esta manera, miles de personas se embarcaron en el Transiberiano Exprés, atravesaron la Unión Soviética hasta llegar a Vladivostok y, desde allí, continuaron su viaje hacia Japón y posteriormente a China, antes de extenderse por todo el mundo. El 95 % de aquellos refugiados consiguieron sobrevivir a la guerra.
La hazaña de Jan Zwartendijk es tan edificante y heroica como desconocida. Ahora, el renombrado autor Jan Brokken la rescata del olvido y sigue el destino de muchos de los judíos que lograron escapar, en una epopeya inolvidable que ofrece una imagen impactante de una época desesperada.
La historia real sobre la odisea que vivieron tres mujeres para salvar los diarios de un fascista italiano de la Gestapo.
En 1944 se hicieron públicos los diarios secretos de Galeazzo Ciano, ministro de Relaciones Exteriores de Italia, en los que registraba los crímenes y planes nazis de los que se enteraba en sus reuniones con ellos. Sin embargo, poco se sabe sobre las tres mujeres que arriesgaron sus vidas para que estos llegaran a los Aliados, quienes luego los usarían como evidencia contra los nazis en los juicios de Núremberg.
Cuando Galeazzo fue apresado, Edda Mussolini les dio a Hitler y a su padre un ultimátum: liberar a su esposo o correr el riesgo de que filtrara los diarios a la prensa. Hitler y Mussolini los buscaron en vano durante meses.
Posteriormente, Hilde Beetz, espía alemana cuya misión era seducir a Galeazzo para encontrar sus escritos, se enamoró de él y unió fuerzas con Edda. Una tercera mujer se sumó a este increíble plan —Frances de Chollet, espía casi accidental y esposa de un banquero estadounidense- cuando Edda huyó a Suiza con la ayuda de Hilde, tras la ejecución de Galeazzo. Frances fue el último eslabón para hacer llegar los diarios a los estadounidenses y cumplir así el deseo de Galeazzo.