En agosto de 1914, la historia de la humanidad cambió su curso. Después de un largo período de engañosa calma, ese mes de verano tronaron los cañones en Europa y empezó la Gran Guerra. Con el estallido del conflicto, ya no hubo vuelta atrás: se abrió un abismo entre un mundo que moría y otro que marcaría el devenir del convulso siglo XX.
Gracias a una increíble labor de investigación y una asombrosa capacidad narrativa, Barbara W. Tuchman alumbró el mejor libro sobre la Primera Guerra Mundial —y uno de los Pulitzer de no ficción más renombrados—, indispensable para entender el mundo que se abrió hace 100 años con el final del conflicto.
Durante la guerra fría los escritores y los artistas se enfrentaron a un gran reto. En la esfera soviética, se esperaba que produjeran obras que exaltaran la militancia, la lucha y un optimismo sin límites. En Occidente, la libertad de expresión era la virtud más preciada de las democracias liberales. Pero esa libertad tenía un precio.
Este libro documenta el extraordinario vigor de una campaña secreta en la que algunos de los defensores más ardientes de la libertad de pensamiento en Occidente (entre otros, George Orwell, Bertrand Russell, Jean-Paul Sartre y Arthur Schlesinger, Jr.) fueron, lo supieran o no, instrumentos del servicio secreto estadounidense.
El emperador Marco Aurelio Antonino fue consignando en privado este ejemplo único de escritura de sí y sobre sí, enmarcado en la filosofía estoica, durante los años en los que comenzó la decadencia de Roma. Al margen de la corte, la púrpura y las convulsiones de la época en la que fue redactado este diario de mejora personal, sus hondas reflexiones apuntan a la constitución desnuda de cualquier ser humano.