«Hay miedo a ser libres, a arriesgarse, a tener coraje. Mírame a los ojos: hoy el coraje es una mercancía de lujo, una extravagancia de la que todo el mundo se ríe y que tacha de locura».
Con las ruinas del Word Trade Center de Nueva York todavía humeantes, Oriana Fallaci escribió un manifiesto doloroso e indignado, La rabia y el orgullo. Tres años después, tras los atentados de Londres y Madrid, después de la invasión de Afganistán e Irak, redactó La fuerza de la razón, una reflexión sobre el avance del totalitarismo islamista y la sumisión de Occidente en nombre de una mal entendida corrección política. Más allá de aquel contexto, la denuncia pionera de Fallaci conserva toda su actualidad como denuncia del avance de las fuerzas fundamentalistas y dictatoriales ante el complejo occidental. El coraje que necesitamos rescata aquellos textos como advertencia de la amenaza permanente y existencial a la libertad de expresión, la autonomía individual y la igualdad de derechos, a los valores más elementales de la democracia en Europa y en América, en el inconfundible estilo de una periodista celebérrima e indomable.
Entre 1949 y 1952, Rumanía se vio sumida en el horror de la primera oleada de represión comunista. Miles de personas fueron víctimas de encarcelamientos, torturas y asesinatos en nombre de la «dictadura del proletariado». En el mapa del gulag rumano, el centro penitenciario de Piteşti ocupa un lugar especialmente siniestro. Sus reclusos fueron sometidos a un monstruoso experimento de «reeducación» a través de la «autocrítica radical» y la tortura recíproca. El objetivo no era otro que convertirlos en una masa informe e infrahumana, para modelar al «hombre nuevo», un clon poshistórico al servicio de la distopía comunista. Este es el primer testimonio de una de las víctimas de Piteşti, una desgarradora historia de supervivencia que a la vez sirve como llamada a la reflexión y a la memoria: un recordatorio imperecedero de las atrocidades que puede cometer la humanidad cuando se ve arrastrada por dogmas totalitarios.
Un nuevo enfoque a cómo la década de los veinte a los treinta años es básica para construir el resto de nuestras vidas Existe una corriente social que piensa que la década de los veinte años no es una edad realmente importante. Algunos la consideran una prolongación de la adolescencia. Otros, una incipiente adultez. Sin embargo, los veinte y principio de los treinta años es en realidad uno de los periodos más transformadores de la vida adulta. La doctora Meg Jay, psicóloga clínica, señala en este libro que estos jóvenes se ven atrapados en una espiral de desinformación. Están asustados, confundidos y desorientados, y sus únicas referencias para guiarse en la vida proceden de los tópicos de las películas, los periódicos y los amigos. Fruto de más de diez años de experiencia con cientos de pacientes y alumnos veinteañeros, La década decisiva combina los últimos estudios sobre esta etapa vital con historias reales contadas por sus propios protagonistas.