Cuando Beethoven nació, Goya tenía veinticuatro años. Ambos murieron con apenas un año de diferencia. En el momento de su muerte los dos habían coronado la cima de la creación artística. Pero, más allá de su talento, entre ellos existe una fuerza invisible que los vincula.
Vivieron unos años decisivos en el curso de la historia europea. Nunca se cruzaron, ni siquiera parece que supieran el uno de la existencia del otro, sin embargo, cuando se analizan sus vidas y obras se encuentran coincidencias asombrosas.
En estas páginas se presenta el resultado de una concienzuda investigación en la que se han analizado los fascinantes paralelismos entre los dos artistas, incluso más allá de su muerte: las consecuencias en ellos y su entorno de la sordera y la Revolución francesa, su relación con la alta sociedad vienesa y española, sus romances prohibidos… Pero también sirve para desmentir muchos de los rumores que han contaminado su memoria en estos dos siglos de legado.
Este libro invita al lector a explorar la historia de dos hombres extraordinarios que, con el tiempo, han trascendido lo humano para convertirse en leyendas.
En ocasiones, después de la muerte de un autor lo que no publicó en vida nunca verá la luz. Ya sea porque los herederos guardan celosamente sus papeles y archivos digitales, o porque lo encontrado no tiene la relevancia suficiente para convertirse en un futuro libro, o porque el escritor se encargó de destruir todo antes de su muerte, entre tantas otras posibilidades. Ninguna se corresponde con el caso del escritor y artista Édouard Levé. Fallecido en 2007, a la edad de 42 años, dejó en sus archivos un gran número de textos inéditos, tan potentes como perturbadores. Estos escritos, traducidos por primera vez al castellano, reflejan como la bola de discoteca que era uno de sus objetos favoritos la variedad de géneros literarios en los que emergen las obsesiones de Levé: un capítulo de una novela inconclusa que transcurre en Estados Unidos; entradas para un proyecto de diccionario; crónicas de paseos por París; textos autobiográficos; poemas y canciones; breves ensayos.
Salvaje, voraz y creativa: así fue la vida de la pintora Suzanne Valadon. Hija de una lavandera viuda, hizo y fue de todo antes de dedicarse a la pintura: modista, obrera, florista de una funeraria, camarera, acróbata, modelo… Pero, en aquel Montmartre parisino de finales del siglo XIX e inicios del XX, en un momento en el que las mujeres quedaban relegadas al salón burgués, al claustro conventual, a la máquina proletaria o al lecho prostibulario, Suzanne no se dejó encasillar. Modelo de algunos de los artistas más aclamados de la primera modernidad, como Renoir, Degas o Toulouse-Lautrec (quien la bautizó tal como ahora la conocemos), no tardó en convertirse ella misma en una afamada pintora. Así, entre lienzos, amantes y alcohol, consiguió salir de la extrema miseria en la que había vivido hasta el momento y comenzó a disfrutar del reconocimiento de los exigentes círculos artísticos parisinos y de una notable fortuna que no le preocupó malgastar antes de morir. Entretanto, pintó su vida de colores, se la comió a mordiscos y se la bebió de un tirón.
Desde hace ya varios años, el continente europeo intenta definir un nuevo rumbo para lograr su transición geopolítica y responder a una demanda de modernización de las instituciones cada vez más apremiante y crítica. Entre fracturas internas y recomposiciones externas, el voraz ciclo electoral que inunda nuestras sociedades añade más complejidad si cabe a la cabal comprensión del mundo.
Tras más de veinte años escuchando con empatía los testimonios -terribles y hermosos- de sus pacientes, el psiquiatra Guillermo Lahera narra en Las palabras de la bestia hermosa, a través del desarrollo de siete casos clínicos, en qué consisten y por qué se producen los principales trastornos mentales y cómo estos definen los aspectos esenciales del ser humano.
Con una prosa tan rigurosa como ágil, que recuerda al mejor Oliver Sacks, Lahera nos descubre un cerebro social, interconectado, narrativo y permeable, una máquina falible de contar historias y de construir la realidad, muy alejada de la idea de simple ordenador biológico o procesador de información. Son los relatos de quienes han pasado por su consulta los que nos revelan sus mecanismos. Y quizá, al llegar a la última página de este libro, algún lector detecte signos de alarma, factores de riesgo y, sobre todo, comprenda que la lucha secreta con la enfermedad mental representa una forma excelsa de humanidad.
Todos los seres vivos somos más que habitantes de la Tierra: somos la Tierra, una excrecencia de su estructura y un motor de su evolución. La vida y el medio ambiente han transformado un fragmento de roca en órbita en un oasis cósmico: un planeta que respira, metaboliza y regula su clima.
Ferris Jabr nos sorprende con una nueva visión de la Tierra que emerge de las últimas investigaciones científicas. En ella, los bosques arrojan agua, polen y bacterias para convocar la lluvia; los animales gigantes diseñan los mismos paisajes por los que deambulan; los microbios mastican la roca y dan forma a los continentes; y el plancton microscópico renueva el aire y los mares.
El nacimiento de la Tierra es un viaje estimulante por el funcionamiento oculto de nuestra sinfonía planetaria -sus intérpretes, sus instrumentos y la música de la vida que emerge. Pero también una invitación a repensar el tipo de planeta que queremos dejar a nuestros descendientes.