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LA REPRODUCCION

Publicado originalmente en 1970, La reproducción sigue siendo un texto clave al que hay que volver si se quiere pensar cómo funciona el sistema educativo y en qué medida, o por medio de qué estrategias y desvíos, contribuye a confirmar a los privilegiados y a los desfavorecidos en sus lugares de origen, al mismo tiempo que se ve legitimado como garante neutral de la igualdad de oportunidades. Sobre la base de investigaciones empíricas de largo aliento, Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron ofrecen además un modelo teórico integral, del que surge la mayor parte de los conceptos que hoy conforman el léxico básico de los estudiantes, docentes e investigadores del mundo entero: “habitus”, “capital cultural”, “violencia simbólica” y, por supuesto, “reproducción”. A partir de una lectura crítica de la tradición sociológica y filosófica, los autores examinan los métodos pedagógicos, los criterios de ingreso y de evaluación, el valor económico y simbólico de los títulos, el registro de lengua en que se transmiten los contenidos, el desempeño de los docentes y las trayectorias de los estudiantes, pero también situaciones de aprendizaje en entornos extraescolares, como la familia y los espacios de sociabilidad más amplios, para constatar cómo el éxito o el fracaso académicos dependen del capital cultural heredado por los alumnos. A la idea simplista de que la escuela reproduce las desigualdades sociales en términos de repetición idéntica de lo mismo, Bourdieu y Passeron oponen una realidad compleja y variada: no hay complot de las élites ni alienación completa de los dominados, ni máquina infernal al servicio de los intereses de la burguesía. Hay, más bien, un sistema que va transformándose precisamente para perpetuar los privilegios de clase, con una lógica que puede desentrañarse a condición de no adjudicarla al engaño deliberado de individuos o grupos. Con una presentación de Franck Poupeau y Paul Pasquali, quienes explican la originalidad de la obra en los años setenta y su carácter renovador para pensar diferentes contextos sociohistóricos, esta nueva edición pone a disposición de los lectores de habla hispana un libro inspirador no sólo en el campo de la sociología de la educación sino de la sociología del poder.
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LA ARQUEOLOGIA DEL SABER

La arqueología del saber constituye un clásico ejercicio foucaultiano de pensar a contracorriente, de poner una barrera a los lugares comunes de las ciencias sociales y de establecer nuevos campos de investigación en el cruce entre filosofía e historia. El gran tema que plantea es la discontinuidad en la historia, es decir, la transformación, el establecimiento de fenómenos de rupturas: “Por debajo de las grandes continuidades del pensamiento, por debajo de las manifestaciones masivas y homogéneas de un espíritu o de una mentalidad colectiva, por debajo del terco devenir de una ciencia que se encarniza en existir y en rematarse desde su comienzo, por debajo de la persistencia de un género, de una forma, de una disciplina, de una actividad teórica, se trata ahora de detectar la incidencia de las interrupciones”. Escrito siguiendo el legado de Marx y Nietzsche, La arqueología del saber es un texto polémico y a la vez riguroso, que ensaya la búsqueda de herramientas teóricas para pensar una historiografía que priorice los instantes de quiebre, de mutación, por sobre las continuidades, los grandes panoramas y las verdades ahistóricas. Michel Foucault pone el ojo en esos momentos en que aparece lo nuevo, el cambio radical. Y en ese sentido, éste es un libro profundamente pedagógico: dirigido a historiadores, filósofos y cientistas sociales, encierra una enseñanza epistemológica acerca de cómo distinguir y describir las rupturas, los elementos emergentes que subyacen en toda formación social.
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ENSAYOS

Francis Bacon (1561-1626) fatigó su vida y agotó su salud en el desempeño de la política (en un periodo histórico particularmente turbulento), hizo contribuciones decisivas a la ciencia (pulió el método científico hasta convertirlo en el instrumento más eficaz para conocer la naturaleza), pero su aspiración secreta fue la de vincular su nombre a la literatura. Bacon no estaba tanto interesado en la ficción o en el tratado teórico, como en una forma nueva, que había puesto en circulación Montaigne: el ensayo. Una forma libre de pensamiento sobre toda clase de asuntos, comunes a los hombres, donde la imaginación del abordaje se revela decisiva. Los Ensayos fueron durante años el orgullo secreto de Bacon y su contribución más importante a las letras inglesas. Estos textos breves y concentrados, fruto de una curiosidad disparada en múltiples direcciones (la verdad, la muerte, la venganza, la envidia y el amor; pero también el disimulo, la sospecha, la ira, la fama o la conversación; y saberes prácticos como la salud, la jardinería o las negociaciones), siguen apelándonos directamente, gracias a dos grandes virtudes que les permiten sortear el paso del tiempo: una lúcida comprensión de la naturaleza humana, y una precisión casi clínica con el lenguaje. El mundo cambia, pero las pasiones siguen aquí, y leídas con varios siglos de distancia, las palabras y las ideas de Francis Bacon (una inteligencia resuelta a pensarlo todo por sí misma) siguen interpelándonos.
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