En el verano de 1992, dos bombas segaron la vida de tres magistrados ―Giovanni Falcone, su mujer Francesca Morvillo y Paolo Borsellino― y los ocho jóvenes que los escoltaban. La mafia siciliana asestaba su golpe más letal, pero sus víctimas dejaban un imborrable legado de heroísmo cívico en un país acostumbrado al terror y la omertá.
Giuseppe Ayala, amigo íntimo de Falcone y Borsellino, es uno de los pocos supervivientes de aquellos años sangrientos. Representó a la Fiscalía en el primer maxiproceso contra los capos de Cosa Nostra, interrogando a los «arrepentidos» que revelaron por primera vez los ritos, las reglas y la estructura de una organización hermética. En estas memorias, Ayala relata la gesta que protagonizó junto a un puñado de policías, jueces y abogados que, sin perder la alegría ni el sentido del humor, sacrificaron su vida para poner fin a décadas de impunidad. Un empeño que no siempre tuvo recompensa, pues pronto se verían envueltos en turbios juegos de poder y descubrirían los oscuros vínculos entre política, negocios y crimen organizado.
En las arenas de Gaza está enterrado el Estado de Israel. A estas alturas, nada puede ocultarse. En un acto de resistencia frente a la distorsión y el silencio, Meir Margalit narra lo innombrable desde la herida abierta. No busca ofrecer certezas, sino sostener una verdad frágil en medio del fragor. No adoctrina: interpela, invita a mirar sin vendas, a reconocer que la frontera más peligrosa no está en la tierra disputada, sino en el corazón que la habita. Atrapado en una experiencia angustiante, muestra cómo un pueblo puede extraviarse en su propio reflejo, cómo Hamás y el actual Gobierno de Israel encuentran en este conflicto su justificación mutua. Meir Margalit es un activista por los derechos humanos y político argentino-israelí. Es miembro del Center for Advancement of Peace Initiatives y del Comité Israelí contra la Demolición de casas palestinas. Fue concejal en el Ayuntamiento de Jerusalén por el partido pacifista Meretz. En Catarata ha publicado El eclipse de la sociedad israelí y Jerusalén: la ciudad imposible.
Una reflexión profunda sobre el poder de la emancipación humana.
Eros y civilización parte de la tesis sustentada por Freud –particularmente en El malestar de la cultura - de que la civilización necesita una rígida restricción del «principio del placer». Pero basándose en las posibilidades de la civilización llegada a madurez, Herbert Marcuse aduce que la existencia misma de esta depende de la abolición gradual de todo lo que constriña las tendencias instintivas del hombre. Sin embargo, Marcuse defiende que los logros alcanzados por las culturas occidentales han creado ya los prerrequisitos para el surgimiento de una civilización no represiva pero, ¿de qué depende que nos liberemos de las cadenas que constriñen nuestros deseos?.