El padre José Antonio Fortea ofrece una exploración exhaustiva y minuciosa del concepto teológico del purgatorio, abordando su naturaleza, historia, geografía y las implicaciones espirituales para las almas que lo transitan. A lo largo de cuatro partes profundamente desarrolladas, se examinan diversos aspectos del purgatorio, brindando una visión completa y esclarecedora de esta doctrina cristiana.
Esta obra traza una historia del purgatorio, mostrando la evolución del concepto desde sus orígenes antes de la redención hasta su formulación en la teología cristiana. Examina con detalle el papel del libre albedrío en el purgatorio, la mejora accidental del grado de gloria y el descenso de Cristo a las regiones inferiores.
Uno de los capítulos más destacados es el dedicado a la «geografía del purgatorio», que seguramente captará la atención del lector. Se aborda en profundidad el sufrimiento de esas almas y su relación con la teología de la resurrección.
Finalmente, el padre Fortea cierra el texto con el apartado «últimas consideraciones sobre el purgatorio», donde ofrece reflexiones finales sobre las fases temporales de la expiación y la forma en que podemos imaginar a las almas que transitan por este proceso de purificación.
“A estas criaturas las entiendo y asumo como santos. Gentes llagadas, sufrientes, vitales y extravagantes. Vivieron (algunos lo hacen) al límite de las convenciones. Deflagran las costumbres respetables. Poetas, novelistas, actrices, músicos, cantaores, forajidos de la normalidad, paseantes de infiernos sucesivos, de paraísos artificiales, de realidades estropeadas. Su atractivo es múltiple y dinamitero. Algunos de ellos ayudaron a hacer Historia y otros son necesarios para completarla. Sus semblanzas forman una familia singular, casi una novela de existencias dispuestas como un gran incendio. Como un bosque de creadores que arden y sufren y se divierten y aceptan el riesgo como único dios verdadero.”
Su guitarra, decía su amigo Manolo Sanlúcar, «encanta al que no sabe y vuelve loco al que sabe». Su compleja personalidad le convirtió en un genio de la música admirado en todo el mundo, pero también en un hombre angustiado y lleno de dudas. ¿Qué hay tras la mirada enigmática del mejor músico flamenco de la historia?
Paco de Lucía aprendió a tocar la guitarra en su casa gracias a su padre, que elaboró un ambicioso plan al estilo del que Leopold Mozart llevó a cabo con su hijo. Pronto se convirtió en un virtuoso que superó a todos sus maestros e hizo su primera gira mundial con solo catorce años. Formó una pareja mítica con el cantaor Camarón de la Isla y expandió los límites del flamenco hacia lugares inimaginables. Ídolo a su pesar, en la furia de su toque está a la vez la búsqueda y la huida de sí mismo.