Las imágenes generadas por el poder utilizan determinados motivos visuales bajo los cuales se oculta una suma de protocolos interesados que les proporciona su auténtico sentido. Ante esta constatación, los cuarenta capítulos y las dos adendas que conforman El poder en escena responden a la necesidad de ejercer de rastreadores de estos iconos de la esfera pública para descifrar así la naturaleza de estas imágenes que parecen rutinarias y espontáneas, y ante las cuales no solemos interrogarnos. Solo con hacerlo y detenernos en cada motivo para nombrarlo, ya se da un paso decisivo para reconocer su sesgo ideológico. Esos motivos visuales se generan desde el campo de la política, quizá los más notorios por su voluntad propagandística; desde la economía, siempre basados en la ocultación de su poder real; del poder judicial, otro ámbito donde la opacidad es norma; de los cuerpos policiales, que construyen motivos de aparente objetividad; o de algunos rituales sociales que se repiten de manera insistente y enigmática. El hecho de ahondar en los orígenes iconográficos de cada motivo –en el cine, la pintura, la fotografía o la arquitectura y sus posteriores ramificaciones– nos permite cuestionar las formas visuales que los distintos ámbitos de poder utilizan para autorrepresentarse. Y al mismo tiempo sirve para preguntarnos por la génesis y evolución de estas formas, dar testimonio de su falsa transparencia y devolver así una mirada crítica e irónica ante el poder que las genera.
¿Cómo puedo saber si soy superdotado? En caso de serlo, ¿es posible que una gran inteligencia implique una sensibilidad exacerbada? ¿Puede aumentar también la fragilidad emocional e incluso causar sufrimiento? Ser superdotado es un don, pero a su vez es un talento que puede suscitar un sentimiento de inadaptación, una impresión de estar permanentemente fuera de lugar.
¿Cómo puedo vivir de la mejor manera posible? ¿Cómo puedo aprovechar todos mis recursos? En ¿Demasiado inteligente para ser feliz? Jeanne Siaud-Facchin nos ofrece recursos y consejos para comprender y convivir mejor con este tipo de personalidad y conseguir que las personas con altas capacidades se sientan mejor consigo mismas y con la gente que les rodea.
Wolfgang Iser defendió que el sentido y la potencia de las obras nacen de la interacción con el lector. Sus ideas sobre la lectura y los espacios vacíos del texto abrieron un mundo de posibilidades y mostraron hasta qué punto los libros pueden reclamar nuestra presencia e implicación. Este texto de referencia para la teoría literaria contemporánea, que entabló un intenso diálogo con las principales corrientes de su tiempo, supuso un cambio esencial en nuestra mirada sobre la literatura y el arte en general.