El fascismo no va a ganar la discusión.
«En España se está produciendo una sustitución cultural».«El cambio climático es un invento woke».«La democracia no sirve para nada».«Las feministas odian a los hombres».
¿Te suenan?
Ya va siendo hora de parar esta epidemia de bulos.
Adriana Hest, politóloga y jurista, especializada en seguridad internacional, desmonta una por una las mentiras que infestan los parlamentos, las redes, los platós y los debates cotidianos con el arma más eficaz: la verdad.
Con rigor, datos y mucha ironía, ofrece 50 argumentos políticos para no quedarte en blanco ante las ideas simplistas, irracionales y falsas que dominan la actualidad, como que "los pobres viven de paguitas" o que "Trump se atreve a decir las cosas como son".
Desde la inmigración hasta la crisis de la vivienda, pasando por la sostenibilidad, el clasismo y el nuevo machismo que campa a sus anchas, tendrás los argumentos más afilados para defenderte del odio, la manipulación y la ignorancia
Contra el fascismo y el odio, información y datos.
Todo comenzó en 1954, cuando Washington decidió derrocar al primer presidente de Guatemala elegido democráticamente, Jacobo Arbenz. Pero fue durante la agresión a la naciente revolución cubana que el equipo de choque tomó cuerpo y creció hasta convertirse en el instrumento idóneo para las prácticas de la guerra sucia. Desde entonces, sus acciones clandestinas, de naturaleza criminal, han servido para imponer la ley de Washington en múltiples ocasiones. El Equipo de Choque fue pues creado para realizar las peores tareas de la política exterior estadounidense. Pero no sólo lo formaron paramilitares, o agentes con licencia para matar. Las operaciones clandestinas fueron preparadas por personalidades relevantes, por políticos, algunos de los cuales siguen hoy en activo. Si los gobiernos republicanos se destacaron por impulsar y utilizar el equipo, el clan de los Bush ha sobresalido por brindar protección incluso a los más sangrientos de ellos, concediéndoles impunidad al margen de las propias leyes estadounidenses.
Michel Houellebecq se ha ganado una reputación diabólica como agente provocador, pero lo cierto es que produce un deslumbramiento literario como muy pocos han conseguido en los últimos tiempos. Afrontar la obra de este autor descomunal -de los mejores de la literatura francesa de todos los tiempos, y eso es mucho decir- desde su imagen pública o desde los prejuicios personales de cada uno es otro error que se comete con demasiada facilidad. Muchos se aproximan a la obra de Houellebecq sin comprenderla. Sin entender que el planteamiento general del escritor francés es la decadencia del ser humano, en concreto, el individuo de la segunda mitad del siglo XX y el de comienzos del XXI. Lo acusan, por tanto, y lo odian, por los temas que trata: sexo explícito, violencia, machismo, racismo, islamofobia… Pero todos ellos son elementos con los que construye una obra que se interconecta y desemboca en un solo punto: la distopía cercana, próxima, porque mucho de lo que anuncia como apocalíptico ya convive con nosotros. Odiar a Houellebecq y criticarlo es lo sencillo. Lo complejo es prestarle atención y estudiarlo.