La Internacional Comunista –la Comintern– fue el primer intento organizado de promover una revolución mundial y dejó una huella imborrable en la historia del siglo XX. Este extraordinario libro ofrece un relato fascinante de esta organización transnacional, fundada en 1919 por Lenin y Trotsky y disuelta por Stalin en 1943, contado a través de los ojos de los activistas que formaron parte de ella. Desde el Berlín revolucionario hasta Bakú, desde Shanghái hasta España, desde la Alemania nazi hasta el Moscú de Stalin, Brigitte Studer traza magistralmente las trayectorias de estos militantes, desde las esperanzas revolucionarias hasta la derrota o la muerte. Al hacerlo, desvela una Comintern olvidada, expresión de un momento revolucionario multidimensional, de clase, antiimperialista, antirracista, donde las mujeres y militantes de todo el mundo jugaron un papel fundamental en las luchas por la igualdad y contra el colonialismo.
De Marx a Balzac, de Lenin a Shakespeare, de Zola y H. G. Wells a Conrad, Stalin reunió libros como otros acumulan batallas.
Iósif (José) Stalin, figura clave del siglo XX, es recordado como un líder férreo, arquitecto de un régimen que combinó la industrialización forzada con una represión brutal. Sin embargo, detrás del mito del tirano omnipotente se oculta un aspecto poco conocido y profundamente revelador: Stalin fue un lector apasionado, un autodidacta minucioso que reunió una biblioteca personal de más de 20.000 volúmenes.
En La biblioteca de Stalin, el historiador Geoffrey Roberts, especialista en historia soviética y autor de obras aclamadas sobre la URSS, ofrece un acceso sin precedentes a la mente del dictador a través de sus libros. A partir de subrayados, anotaciones manuscritas y selecciones temáticas, reconstruye su itinerario intelectual y muestra cómo la lectura fue una herramienta para moldear su ideología, reforzar su poder y afinar su visión del socialismo.
La Segunda Guerra Mundial desde un legendario regimiento de tanquesHabía que ser muy valiente para subirse a un tanque en la Segunda Guerra Mundial. Encerrados en una mole de acero cargada de proyectiles que podían explotar y convertirlos en chatarra, los tripulantes de un tanque vivían y morían bajo la amenaza constante del enemigo. Fue una de las formas más duras y despiadadas de librar la guerra.
En Hermanos de armas, el célebre historiador James Holland narra la extraordinaria historia de los Sherwood Rangers, el regimiento británico de voluntarios que se convirtió en una de las unidades blindadas más célebres de la contienda. Tras forjarse un nombre en batallas como El Alamein, desembarcaron en Normandía el Día D y, desde entonces, combatieron sin descanso por Francia, Bélgica y Holanda hasta ser la primera unidad de tanques británica que penetró en Alemania. Junto a ellos, recorreremos a bordo de sus Shermans miles de kilómetros, viviremos algunos de los combates más feroces del frente occidental y seremos testigos de cómo los soldados se apoyaron en la camaradería y el coraje para enfrentar el terror de la guerra y convertirse en héroes.